Cuando abrimos las puertas abismales de las múltiples dimensiones, fractales, atómicas, donde la física cuántica se reduce a fracciones diminutas, lo material no importa. Únicamente importa vibrar como una cuerda de frecuencia de sonido, el que a su vez es provocado por la sensación del viento que ingresa por una pequeña ventana. Ese soy yo, quizá callado. Mientras callo, mi mente experimenta un remolino de ideas que son transportadas por vientos de un huracán categoría cinco, el más fuerte. Solo que antes de ser fuerte, ocurre algo y es que debemos ser débiles, la debilidad nos enseña a ser fuertes, más que un huracán. No solo es ir destruyendo lo que encuentras a tu paso, sino tener la debilidad de reconstruir lo que destruiste, eso sí te hace fuerte. Desasosiego que me invade y recorre mi cuerpo, pensar en lo que pienso, sin pensar nada. Suelo razonar sobre mis sueños de vida, el futuro, pero supongo que los sueños son una pequeña cebra y que de repente llega un león corriendo tras ella; la cebra no quiere ser atrapada. Deja que tus sueños lleguen por sí solos y no vayas contra ellos, que en ti no se repita la historia de la cebra y el león.
Brandon Romero Avendaño





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