Texto: Brandon Romero Avendaño

El silencio de la vida termina siendo muy ruidoso y el viaje de la misma un tanto agotador. La noche es fría, me acompaña la marca del viento que no conforme con recorrer la dermis de mi piel, provocando una piloerección desagradable, crea en su paso un hedor nauseabundo que se siente al resollar, arrastrando a su vez los ruidos del olvido, que al oírlos, son idénticos al sonido emitido por un arma. Cosas similares se escuchan y suceden en la región amazónica, donde su fauna y flora se ven condenadas como las causas de tantos líderes sociales acribillados. No sé qué es más peligroso ¿un virus que ha resguardado al planeta entero o la misma sociedad que lo provoca?

Los rumores transitando por las majestuosas cordilleras colombianas: el pulmón del mundo, obligado a fumar cigarrillos piel roja. Y “roja” podría ser la conocida selección de futbol chilena, pero ésta, no es una nota deportiva. La roja es el hoy transformado amazonas,  en donde la piel de la muchedumbre abyecta, sin escrúpulos, arrasa con su color natural verde oscuro, hasta el punto en que su colorido se ha desaparecido gracias al uso  de la dietilamida de ácido lisérgico que quizá consumió al planeta.

Hay vidas que oscilan entre 3500 y 3800 m. s. n. m. con corrientes de aire que hacen contacto con la tierra, formando una espesa neblina, que a su vez alimenta a las hojas del frailejón que filtra el agua,  la que luego, toma salida por sus raíces. Todo esto ocurre en un lugar llamado páramo, en un ecosistema perfecto, lo imperfecto son los sujetos que hacen de él  un negocio.

La riqueza natural de Colombia debe afrontar esto como pan de cada día: soportar corrientes de políticos que hacen contacto con empresarios, formando una espesa corrupción, que a su vez hace conexión con multinacionales  de todo el mundo, que filtran recursos, y luego toman salida, a través de bancos extranjeros.

Gobernantes tomados de la mano con mártires engañados, sus ovejas de fiar,  que luego son crucificados aisladamente, día tras día. La sociedad no nos enseña a descubrir su verdad, se encarga de enseñarnos a ser consumidores, eso no es descubrir nada.

Mi Colombia, tú no tienes la culpa, mejor, disculpa a aquellos que te culpan.

Sobre el autor:


Brandon Romero Avendaño

@romero_b27

Transcurría la hermosa madrugada del  27 de noviembre de 1999.  A eso de las 3:00 a.m. encontraría la luz al final de un túnel que me conduciría a vivir esta vida. Conocí el insaciable calor evocado de las orillas del Magdalena desde chico; me dejé invadir de la alegría y el sabor de su gente que aun de grande, mantengo viva.  Actualmente radico en Bogotá, estudio Ingeniería Industrial en la Fundación Universitaria San Mateo en la que disfruto de los números.  Mi otro “yo”,  como me gusta clasificarlo, se aleja un poco de los números y se adentra en el universo de las letras, lee y, mientras lo hace, imagina y ríe. Cuando escribe, se deja llevar por su intuición y lo que quiere expresar para que después venga la magia de un “te quedó genial”.

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