Me encontraba en un periodo de descontrol, a mis 17 años no me hallaba en la monotonía que me ofrecía una vida con pocas opciones, sabía lo que no quería, pero no lo que quería. Fue así, que deambulando entre los azares de la vida y vagones de librerías de segunda, me encontré con el siemprevivo de Caicedo y su libro de tres cuentos titulado Angelitos empantanados, el cual sería el universo de personajes como Angelita y Miguel Ángel; además de ser mi puerta de entrada a su letra cósmica, triste y delirante. La obra de Andrés es básica y necesariamente juvenil, encontré en él mi primer impulso para correr los riesgos, que creo yo, todos debemos correr aunque en el proceso ya no haya regreso.

Así es como una vez, terminada de leer su obra cumbre ¡Que viva la música! Publicada en 1977, el mismo año de su muerte, me decidí comenzar este camino incierto de letras y desamores en el 2015 , teniendo como certeza que lo que lo acaba a uno no es la droga sino los sustos de comenzar a construir los sueños.

Mateo Caballero.

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