Primera parte

En un barrio periférico de la capital colombiana, en donde se gesta la metamorfosis, provocada por las estadísticas inquietantes de sus habitantes, quienes viven en condiciones infrahumanas, es allí donde nace Juan, rodeado de la violencia y desorden social, en medio de una ciudad contaminada y de poca cultura ciudadana.

Con el paso del tiempo, el viejo John, como era popularmente conocido el padre de Juan, un hombre rudo, machista, más de golpes que de diálogo, típico colombiano sumergido en la mediocridad de esta sociedad podrida, acusado hace 20 años de matar a su esposa, se vio sorprendido cuando una tarde Juan no soportó más los golpes e insultos que éste le propinaba. Ahora, a sus 33 años, entre sueños frustrados de soledad inconmensurable, ha llegado a hacerse preguntas sobre su propia existencia y a animarse a querer vengar el asesinato de su madre a manos del viejo John.

Juan lo recuerda como si hubiese sido ayer, una fría madrugada más exactamente el reloj marcaba las 2:15 a.m, el viejo John con el eufemismo de emborracharse sin control, irrumpe en esa vieja casa tirando la puerta al piso. En ese momento Juan es despertado por los fuertes gritos provocados por la discusión entre sus padres, de repente siente un escalofrío recorrer su cuerpo, una experiencia que jamás había sentido, al salir de su habitación, se encuentra con una escena del crimen, la cual quisiera no haber visto nunca, inmediatamente se lanza en auxilio de Martha su madre, quien se encontraba tirada en el suelo con marcas de violencia en varias partes de su cuerpo y una puñalada mortal en la parte inferior izquierda del abdomen. Juan pasa sus suaves manos por el cuerpo de su madre, manos de un niño de tan solo 13 años. En ese instante percibe un ser efímero que en pocas horas se extinguirá, pues su vejez ya no existirá, un caduco, para el que su única opción fue la muerte.

Como ya es costumbre, Juan cada domingo visita el camposanto en donde se encuentra el sepulcro de su madre, es el único lugar donde se puede desahogar de tal dolor y es ahí donde llega a una conclusión respecto a la muerte: en realidad no te afecta la muerte de ese ser querido, lo que en realidad duele es su ausencia. Pasa unos minutos más pensando sobre cómo se vería su madre si aún estuviera con vida, ¿en realidad estaría orgullosa de la vida que lleva?, sale sin murmullos del cementerio central, con dirección al Parque de la Independencia a donde suele ir y sentarse a pensar sobre su padre, esa persona detestable para la que solo florecen pensamientos negativos de venganza. Luego se levanta y sin rumbo fijo empieza a caminar por la carrera séptima hacia el sur, de lado y lado de la calle, la magia y talento de artistas desconocidos lo distraen. ¿Uno camina solo por el túnel de la muerte? ¿Así habrá visto el túnel su madre mientras moría? ¿Así será su camino por el túnel de la muerte?

Al llegar a casa Juan elabora con sus manos su propia dosis de cura, un mini cigarrillo cannábico. Saca de su bolsillo derecho un encendedor color verde, con el cual prende su creación. Luego se quita sus zapatos un tanto sucios, se tiende sobre su cama y procede a cerrar los ojos, es en ese momento que empiezan a llegar ráfagas de ametralladora transformadas en imaginaciones surrealistas, en donde Juan con un arma intenta asesinar a su padre tratando de desahogar ese odio tan profundo que lo atormenta. En ese preciso instante despierta con la respiración entrecortada y las sienes bañadas en sudor, se levanta paralizado, mira el reloj, son las 2:15. a.m.

CONTINUARÁ…

Brandon Romero Avendaño

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