Segunda parte

Pasaron algunos días desde aquel sueño que al parecer se transformaría en realidad. De un armario de madera un tanto sucio y un poco dañado, Juan extrae un arma de fuego, más exactamente un revólver calibre 38. Sale de su casa con dirección al lugar de residencia del viejo Jhon, durante su trayecto tiene vagos recuerdos de esa casa en donde vivió gran parte de su infancia. Desafortunadamente, aquellos recuerdos no eran del todo agradables.

Al llegar a esta vieja casa, Juan siente cómo su corazón empieza a moverse cada vez más rápido y una desazón incontrolable lo invade al mismo tiempo que crece todo el rencor que lo atormenta. Toca a la puerta, de repente sale un ser con aspecto aparente del inframundo o un bicho raro de otra dimensión.

— ¿Qué haces aquí?— pregunta su padre.

— Ya no soporto esta sensación, este deseo de venganza que me agobia, por eso he venido a matarte— dijo Juan con odio en sus palabras.

En ese momento Juan sacó su arma de fuego y apuntando a su padre directamente a la cabeza, lo condenó:

— Vas a pagar por lo que le hiciste a mi madre.

— Baja esa arma, te volviste loco ¡Hijo de puta!

En medio del llanto, Juan cerró sus ojos y accionó el arma en repetidas ocasiones. Su padre cayó al suelo y aferrándose, al agonizar, a su vida, dijo:

— Fue un accidente, no quise hacerlo…

En ese instante Juan también cayó, sin razón alguna.

Se dice que el sonido que emite un arma de fuego es el número finito de partículas que transportan energía, este ruido hizo regresar a Juan a su verdadera realidad. Estaba realmente confundido, de repente empezó a recordar aquella mirada de miedo que se posaba enfrente del cañón de la muerte , experimentaba vagos recuerdos de haber asesinado a su padre. Traumatizado, en la cama del hospital, Juan se abismaba en su interior: <<mierda, ha sido la peor pesadilla que he tenido, aunque a veces quisiera asesinar a mi padre por las veces que golpeó a mi madre>>.

Al paso de unos minutos, se escuchan unos pasos entrar. Corresponden al médico Garzón López, un hombre de edad, de apariencia impávida; un hombre honesto y de pocas palabras. Inmediatamente Juan pregunta:

— Doctor, ¿qué me pasó?

— Juan, tuviste un grave accidente y permaneciste unos meses en coma, tienes graves lesiones de cabeza, cuello y piernas, a causa de tus heridas debemos intervenir quirúrgicamente.

— ¿Mis padres dónde están?—pregunta Juan con intriga.

— Juan, lamentablemente tus padres perdieron la vida en el accidente— respondió el médico.

Juan confundido empezó a llorar, era un llanto con mucho dolor, se sentía culpable, se sentía el asesino de sus padres.

Son las 4:25PM, Juan ve al quirófano iluminado. Siente un olor a flores, medicamentos o, quizá, un olor a muerte. Mira cómo una enfermera coloca sobre su rostro una máscara con anestesia general, siente como poco a poco va quedando dormido, sin saber que sería la última vez que abrirá sus ojos.

— 5:50 pm, hora de defunción…

Brandon Romero Avendaño

Deja un comentario

Tendencias