Yo no lo comprendo. No era el primer brote de sol ni su pináculo mirar, era el agonizar del alba en la ciudad de largo aliento que despertaba entre en curvilíneas brisitas refrescas de vida; haciendo mover sedientos guayacanes rojos violeta que florecían en enero y deleitaban mi mirar con su sensato contoneo — ¿O su sensual sombra alucinante? —, no lo comprendo. Algo viejo va a terminaar… se siente, te aflige… algo nuevo va a comenzaar… el paisaje hacia adelante está libre.
Todo a mí alrededor era alegría. De todos los recovecos de Cali, grupos de gente se congregaban en torno a los prados y aceras adoquinadas del mítico museo, que cada viernes se reinventaba en ebrias tertulias reencontradas bajo un cielo magenta, que se extiende implacable hacia el Pacifico y todo lo sabe. El ámbito cultural tomaba rostros diferentes entre imprecisos nubarrones de humo condensado en la periferia del salón principal, evocado de verdes satélites de mariguana prendida que se adueñaba del lugar súbitamente. — ¿Aumentaría su capacidad degoce? — me preguntaba, al tiempo que vislumbraba el agitar de maracas ajenas, el punteo de una guitarra afinada, los cantos hermanados de viernes otra vez: viiida… dame tu viiida… siento que todo lo malo siempre me pasa a miií…. ¡Oohh!.. voy a permitir que todo lo bueno vuelva en mí,… yo ya no quiero pensar en ayer.
En las escaleras del teatro, al aire libre, prorrumpían en la pueril noche secas y amargas bocas dilatadas ante una profunda mezcla de centelleos de beats con trago barato: ondas color uva como el cielo que se alejaban tan pronto como estaban al lado, ahí estaba ella, rodeada de almas perdidas, de murmullos alucinantes. Sería ese viernes 10 de enero de 2019, la primera y última vez que la vi. Amor así… no sé vivir… si tú no estás amor, voy a morir… y está de testigo… mi amigo… el vino…te esperaré.
Todos los viernes dentro de las actividades que programa La tertulia, se proyectan estrenosen la cinemateca en el horario de las 8:00 de la noche, principal razón, para que se convirtiera en mi lugar favorito desde que me mude a vivir a la sucursal. Huir de mi ciudad no me resultaba sencillo, me significaba aguzar la vida, arrojarme a los brazos de un abismo e intentar huir de los afanes de una ciudad y sus presiones sociales, impuestas por un sistema fracasado en el falso éxito productivo. Cali no era contraria a mis deseos como escritor y por eso la tomé como destino; cada paso dado me alejaba de lo que alguna vez fui, mientras me aproximaba a lo que buscaba ser: un escritor con una historia por contar.
Desde que me animé a venir a este lugar de la ciudad, tan variado culturalmente en el ambiente, inevitablemente se suscitaron nostálgicas imágenes del buen ayer, producidas por el lugar que aguardaba un parecido al de mi Bogotá, de mi época universitaria, transitando a mi semilla por La Carrera Séptima, rencontrándome con mis raíces de libertad. Atendí al llamado de esta ciudad melómana, una ciudad compuesta de dos medias ciudades, la cual me había enamorado en algún libro de adolescentes; el escenario perfecto para recomenzar los sueños de una vida ida en el carnaval de las emociones, esperanzado por no naufragar.
Ser tan callado siempre me dificultó relacionarme y haberla visto bailar, a la distancia, fundarse en espirales piezas musicales, en medio de máscaras negras y blancas, no solamente llamó mi atención, me arrinconó en el frío salón de mis temores: diáfanas paredes que me asfixian hasta hacerme vulnerable. No mirarla habría sido la mejor opción ahora que conozco todo este dolor.
En espera de la función en cartelera, sobre la grada de la enseña — desconozco cuántos minutos pasé intercalando mi mirar en el celular y ser testigo de una farra, al aire libre, de viejos amigos—, me distraje en el aburridor tedio de las redes sociales. Por mi espalda se abalanzó una voz impregnada con rara niebla teñida de intensos olores, que en un comienzo no logré identificar.
La oscuridad se abrió ante la luz de sus palabras, un vendaval me sacudió. << Voj jabés que el qué no es de acá se nota, y más los rolos. Mucho gusto Airela, como Valeria, pero jin confiárse oís, porque acá para qué me entendás, toós me dicen Sirena y en las fiestas Morena, ¿Y vos cómo te llamás, vivís por acá en la vía al mar o qué? >>.
La vida es un viaje, no una estación… saca tu memoria de esa prisión… ¡Si!.. Sé que hay bonitos recuerdos… pero no es de cuerdos tener recuerdos por obsesión…
***
Trémulas sensaciones de memorias fundidas en mis entrañas alimentan mis historias; lo que pudo ser y nunca fue por los embates azarosos del destino, he decidido darle vida en mis escritos, mientras en el fondo una canción a mi árbitro, acompaña nuestro inmortal olvido.
***
Los resquebrajos de toda una vida de fallidos intentos parecían diluirse por el sifón del olvido. ¿Era su nombre, su mirar o la forma de caminar, la amnesia que me debía la vida para poder volar? Nunca pensé que pudiera encontrar… en este lugar… una chica como tú. Empecé a sudar, los mordiscos en mi vientre, producto de mis inseguridades me empezaron a dominar: ¿se te ha comido la lengua el gato?
Estaba ahí, de pie, posando su mirada sobre mi silencio, esperando una respuesta, adornando la noche con su belleza. Casi sin voz y con destellos de pedantería, respondí: << Amadeo, hace poco me pasé a vivir acá, por la vía al mar. Adivinaste, soy bogotano. Espero a ver la función en cartelera ‘Todo comenzó por el fin’ dirigida por Luis Ospina>>. Mantener la mirada era todo un gesto de valor que no tenía y ella lo aprovechó sin meditarlo. Sin dejar de sonreír, dio dos pasos hacia mí, posó el filo de su mirada en el temor impelido derramado desde mi retina y sin mediar palabra, me sentenció como el perdedor en este idilio de amor.
<< Tenés cara qué jabés mucho de cine, me caés bien. >> Dijo la sirena, sin pestañear. De su mochila sacó un encendedor y prendió las cenizas de una noche que ya no está. Se empezó a consumir un porro, quemado a medias, al ritmo de las alborotadas trompetas de Cali Ají y la clave maestra de Oiga, Mire, Vea, que se acercaban a su vez en un insaciable Sonido bestial, desde el fondo de una vía desgastada, de una sola dirección...
Si uste’ va llegando váyase entonando
Que de baile en baile
Se va acomodando.
Oiga, mire, vea, véngase a Cali para que vea. Fueron un par plones, se convirtió en la mujer chimenea. Me compartió un poco. En cuestión de segundos éramos camaleónicas nubecillas suspendidas en el abandono de miradas que dejaban de ser desconocidas.
<< Ve, te tengo el plan pa’ que me invités en estos días y cerquita de aquí para que no te perdás, ¿Ji ves esa cuadra que va hacia la montaña? Mirá, volteando por la jiguiente entrada, pero a mí derecha, o sea, mi izquierda ¿si me entendés? Queda el caliwood, el museo que dejaron esos descachalandrados como vos>>.
Descubrí que además de ser bonita dominaba el arte de robar palabras. Sin notarlo, en medio de circuidos pedaleos de blancas bicicletas y grises patinetas desgatadas, yo me desplomé en mis pensamientos:… ¿Habría un después?…
Me atrevo asegurar que fueron varios los minutos en los que me suspendí en el mar de las ilusiones.
<< Ve ¿Ya te trabaste? Respondéme algo, no te quedés como atembado. Yo no me equivoco, vo jos como chichipato. ¿Es que toós lo rolos son así o qué?>>, me dijo entre risas, interrumpiendo mi desplazamiento introspectivo mientras me alcanzaba la pata para aterrizarla. Ya no reconocía el ayer del mañana, mata morada la que me fumaba. Me biloqué en la comisura de sus labios siempre húmedos. Si había comienzo, existía final. Una infinitud de posibles escenarios me seducían bajo la mirada de la luna en su pico más alto.
<< Ve, mirá, porque me conociste feliz. Lo único que debés saber es dónde será la rumbita después de la traba. Entre los que jon parche, parche, que son esos de allá, vamos a ir a la Topa. Relajao que si vas conmigo, mi rolito, no te paja naa ¿¡oís!? >>.
Tal vez ya no era yo el que decidió esa noche lanzarse al vacío, era un otro que me suplantaba y yo lo dejaba. De los tres colores brotaban guayacanes en el salón de mis temores; un centenar de máscaras se desvanecían después de contemplar que nunca dejé de ser la misma cara, aunque en su cabeza siempre fui mejor.
Fue más feroz el amor de cuatro días que el de ¡Aaaaaaaaaaaaños!… fue tan veloz y se suponía que esto acabaría sin hacernos daño…
Continuara.
Mateo Caballero Cantor
Discografía:
- Superlitio – Cancion simple
- Superlitio – Viernes otra vez
- Superlitio – No sé si volverá
- Canserbero – De La Vida Como Una Película y Su Tragedia, Comedia y Ficción
- Rupatrupa – Rara Bien
- Orquesta Guayacán – Oiga Mire Vea





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