La violencia de ciclones y tormentas,

de fuego que se expande por mis venas,

esa candela violenta que quema, me quema.

Las cosas no siempre salen bien… ¡Que mierda!

El pensamiento es un arma de doble filo:

siento rabia en mi pecho apresado,

gritar será mi única opción,

que lo escuche el silencio, porque mi voz se la llevara el viento…

Impaciente; y el alma amarga, llevando sobre mí, el peso de la desgracia…

Abrazarme al miedo y enviciarme en la soledad,

La niebla se cagó el otoño: ¿Ya qué más puede pasar?

Una pesadilla en plena tormenta…

¿La furia me ha secuestrado a través del vil sendero de testigos tuertos?

¿Es este mi camino de la muerte?

Deje de ser infeliz cuando reconocí el desvelo, un despropósito

como aquel infeliz que consume el fuego de su genio…

La miseria gime tras el placer sublime de la inocencia muda,

mientras en el vacío se reproducen las melodías de la afonía

La muerte en ascuas rasga las cuerdas de su guitarra desafinada,

Advirtiendo el yacimiento advenedizos de los siguientes días que no fueron.

Brandon Romero Avendaño

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