La poesía, decía ella, es la sutileza, el sensual movimiento de caderas de la llama que danza sobre una vela. Es esa luz tenue en la profunda oscuridad de tu cuarto, que va revelando los misterios que circundan tu alma.

—¡Que mierda más cliché!— Pensó él… Ella prosiguió…

La poesía es la caricia que tus sentimientos le brindan a tus pensamientos para regocijarlos. La poesía es el beso, la intimidad donde tus sensaciones y reflexiones se envuelven entre sí para ser una sola vida. La poesía son esos recuerdos que quisieras convertir en instantes eternos o arrancarlos de ti. La poesía es la mano, entrelazada, que te acompañará en el viaje hasta lograr la catarsis…

El tedio se reflejaba en su mirada; ella se molestó y suspiró tan hondo que… ahogó a su enojo y dijo…

Poesía eres tú… Que todo lo puedes obtener. En ti hay mucha más magia que estrategia… Poesía eres tú, que con solo una mirada eres capaz de despertar la frágil sensibilidad de una burbuja, pero que con tus palabras impregnas de óbito cualquier jardín de rosas… ¿Y sabes algo más? ¡Haz tu puta voluntad! Mientras decides cómo salvar tu alma, ruédate un ámbar…

Él la miró, esta vez, con extrañeza….

— ¿Qué putas quieres que te diga?—

—Pues que me digas qué es poesía para escribir algo que me haga romperla como escritor…—

—No te engañes… Entre poesía y narrativa… Mejor hubieras estudiado una ingeniería—.

Andrés Obando

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