***
“¿Alguna vez callaré en silencio?” preguntó Alejandro Lanús y de un cajón escondido en mi mente Quinto Curcio Rufo respondió: “Los ríos más profundos, son siempre los más silenciosos”. Hidratando así, la fluidez de mi razón.
***
Nazik Al Malaika descifró el enigma de mi corazón cuando susurró en una hoja algo como: “He escondido mi esencia en el silencio”. Este vago recuerdo me llevó a la conclusión de que Alejo Carpentier plasmó mi lema y estilo de vida: “Silencio es la palabra predilecta de mi vocabulario”. Sin embargo, Alejandra Pizarnik fue más osada y me gritó: “Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden y ¿qué deseaba yo? Deseaba un silencio perfecto. Por eso hablo”.
***
Mi mente serviría de morada para La Dama de Fuego, aquella que incendiaria de forma absurda, la euforia de mis sentidos más vanales; y también, para aquel Bello Ángel, lleno de Tranquilidad y Misticismo,el mismo, que me llevaría por los caminos del Orden y Equilibrio, encontrando la Armonía con el Cosmos.
***
De un momento a otro, las líneas de Georges Clemenceau silenciaron mi agitado pensamiento, para enseñarme que: “Manejar el silencio es más difícil que controlar la palabra”. Y como por arte de magia, Atahualpa Yupanqui con su mantra me llevaría al éxtasis: «Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí. Que no se quede callado quien quiera ser feliz”.
***
¿Saben? Estoy seguro de que una mujer de ojos marrones fue la responsable de que la experiencia y sabiduría de Pedro Calderón de la Barca se vieran retratadas en la siguiente frase: “El silencio es retórica de amantes”.
***
Un pequeño homenaje a estos grandes escritores que expresan ilustres verdades.
Andrés Obando.





Deja un comentario