El pasado 7 de octubre varias de las librerías independientes más reconocidas del país respondieron a las declaraciones de Juan José Daza, representante de Buscalibre en Colombia, a través de un texto publicado en el periódico El Espectador, en el cual denuncian una competencia desleal y resaltan la desidia del gobierno para legislar un mayor control sobre los libros importados al país.
La comunidad lectora en Colombia está en alza desde varios años atrás gracias a las nuevas generaciones e inherentemente la venta de libros, lo cual, ha revitalizado un mercado que ya hace algunas décadas se mostraba en decadencia en consecuencia de distintas problemáticas: la llegada de la era digital que agudizó la crisis del libro impreso, se mezcló con un índice bajo de lectura y precios exorbitantes en la venta de los libros. Un reverbero de este hecho ha sido causa de la clausura de varias librerías tradicionales en el tiempo reciente.
El internet en esta situación ha jugado el papel de héroe y de villano. La inmediatez de la información que ofrece la red como la gratuidad de su contenido ha sido un golpe certero para más de una librería y, a la vez, una ventana de mercadeo. Así surgió BuscaLibre, empresa digital chilena diseñada para la venta de libros a bajo costo, creada en el año 2007 y, que hoy, es uno de los portales más grandes de salida de libros con sede en países como México, Perú, Estados Unidos, Argentina, entre otros. Esta empresa fundada por Boris Kraizel y Eduardo Stekel, ha sabido mover sus fichas: desde finales del 2012, su llegada a Colombia, a la fecha, se han posicionado como un proveedor de garantía para los lectores, aspecto que en tiempos de cuarentena estricta, en la primera parte del 2020, así lo demostraron, triplicando sus ganancias. Por supuesto, este número también se traduce en un mayor índice de lectores en el país, lo cual es positivo para el precario porcentaje de lectura que habitualmente se concibe en el territorio nacional.
Algunos de los eslóganes de venta de la librería chilena han sido la extensión de ejemplares con los que cuentan, argumentando su facilidad de importar títulos extranjeros que no se encuentran en las estanterías de las librerías nacionales; también, una brillante logística para el envío del producto a zonas donde ni siquiera hay librerías y, por último, los constantes descuentos. Pero todo esto no sería posible sin los grandes inversores aliados de BuscaLibre como Amazon o eBay, magnates en el medio de las ventas en línea a nivel mundial; o sin el apoyo de las grandes editoriales que parecen estar comprometidas con la autodestrucción de su modelo de negocios que es también el negocio de las librerías y los autores. Sin contar otro tipo de aliado tácito como los son los vacíos en la legislación colombiana al respecto de la regulación de las empresas digitales.
Pero, entonces, ¿dónde quedan las librerías nacionales en el panorama del futuro, si ellas no cuentan con padrinos de este talante? ¿Son ellas las culpables de no mirar nuevos espacios de mercado? Las librerías en Colombia que a pesar de las medidas adoptadas para una mayor salida por medios como las redes sociales, se ven todavía en desigualdad grotesca contra un competidor que cada vez crece más y que se perfila a constituirse como un monopolio más en la industria. No es que se esté solicitando la prohibición de una empresa como BuscaLibre, se está pidiendo una reforma que proteja a las pequeñas empresas como las librerías independientes las cuales son la casa de editoriales y de escritores emergentes. Se busca que se mire al libro más allá de un objeto mercantil y se le otorgue el lugar privilegiado de herramienta de conocimiento y salvación. Comprar un libro es más que adquirir papel, cartón y tinta, es acaparar un maravilloso universo emancipado de lo convencional.
No es gratuito el dominio de multinacionales extranjeras, las librerías no son la única empresa nacional hoy en quiebra. Esto no es más que una radiografía general de las dificultades de aquellos que desean establecer una empresa en Colombia, pero del cual me abstendré de hablar en esta columna. Lo cierto es que el futuro se ve oscuro para quienes deseamos vivir de las letras, de su edición y distribución en un libre mercado monopolizado.
Mateo Caballero Cantor
Una de las fotografías utilizadas para esta columna fue tomada de: https://www.libreriacasatomada.com/especial/quienes-somos





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