Cada viernes es especial en la familia de Pequeños Relatos, hoy, estamos muy contentos de tener como artista invitada a la sorprendente poeta, ensayista y maestra Liliana Moreno Muñoz, con quien charlamos un poco sobre su vida, su proceso creativo y sus proyectos actuales. Es autora de los poemarios Sobre la arena de los relojes rotos (1998), En lengua de bruja (2015) y Salto (2018); además de distintas pinturas y esculturas que dejan entrever su obra completa: su vida.
Conversación con Liliana Moreno Muñoz para la sección Artistas invitados en Pequeños relatos.
¿Dónde naciste?
En un hogar cundiboyacense, en Bogotá y viví la infancia en La Trinidad, un barrio de Bogotá. Ahora ya no vivo en Bogotá, pero parece que en La Trinidad resido, me han gustado, desde hace mucho tiempo, las trinidades femeninas y el número 3. Quizá por ello mencioné tres veces una ciudad en este párrafo.
¿Por qué te inclinaste por la escritura?
Quizá hay silencios como cuencos, abrazando un decir que nos hace correr, desde muy temprano, a los cuadernos secretos. Creo que por allí comenzó la aproximación a esa escritura del balbuceo, del intentar decir. Aquello que no salía de los labios parecía brotar de las manos en escritura. Pero, a la vez, el interés en lo escénico y los misterios del cuerpo en conjunción con la palabra y a la vez en pugna con ella me llevaron a descubrir la poesía. No tenía muchos libros a mi alcance, luego descubrí la Biblioteca Luis Ángel Arango en la que me internaba varias veces por semana. Desde muy joven transitaba entre la biblioteca y las prácticas teatrales. Deseaba realizar obras teatrales en clave poética, por ello podría decir que no me incliné por la escritura, ella siempre ha estado allí, fusionada con el teatro y el ritual.
¿Cómo ha sido tu proceso profesional?
No sé bien cuál es mi profesión. Me costó mucho trabajo decidir entre la literatura y el teatro. Comencé a estudiar dirección escénica en la ASAB apasionadamente durante unos años, realicé algunos pequeños montajes teatrales con textos de la poesía en prosa de Alejandra Pizarnik y más adelante con textos de Safo, Marguerite Yourcenar, Sylvia Plath, entre otras; luego ingresé a un taller de poesía con la poeta Mery Yolanda Sánchez, quien me invitó a ser parte del proyecto “Poesía en escena” en el que participé durante muchos años, allí conocí la obra de muchos poetas colombianos a partir de la cual se formularon pequeñas escenas que acompañaron la lectura en vivo de los poetas invitados. Luego estudié Lingüística y Literatura en la Universidad Distrital en un periodo del programa en el que se experimentó con un fuerte componente interdisciplinar que seguramente afianzó mi interés por las junturas entre las artes. Por esa época comencé a conocer un poco el ambiente literario bogotano, publiqué mis primeros poemas en revistas, periódicos y antologías de la época. Recibí algunos premios locales y, así como abandoné primero el teatro, abandoné los espacios de interacción de los poetas, pero no la escritura y lectura de poesía, ensayo y narrativa. Especialmente al cursar la Maestría en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo, que en ese tiempo tenía una estructura muy rígida y exigente, dejé de escribir literatura. Me apasioné, entonces, con la lingüística del lenguaje y la crítica literaria, la semiótica y de nuevo el teatro desde una perspectiva teórica. Sin embargo, siento que allí conocí otras posibilidades creativas, la lectura en varios niveles me permitió permanecer estudiando, por ejemplo, una novela durante varios años, tratando de desentrañar sus misterios compositivos. Y, claro, pasado un tiempo regresé a mi nocturno pasatiempo favorito: esculpir un libro de poemas con el que me había graduado en el pregrado que se titulaba Sobre la arena de los relojes rotos.
Los estudios sobre el lenguaje y el cuerpo fueron fundamentales luego, al ingresar a la docencia universitaria. Con la creación y apertura del Programa en Creación Literaria volvieron a juntarse de manera plena las fuerzas que me sacaban de la escritura y me llevaban de nuevo a ella. También, quizá por los vínculos con jóvenes artistas y escritores, regresó la práctica de la juntura de las artes con la escritura, asunto que me ocupa desde hace varios años y en el que cada vez encuentro nuevas posibilidades y misterios.
¿Cómo es tu proceso creativo?, ¿Obras publicadas?
Es infinita y cambiante. No podría decir exactamente dónde y cuándo comienza una obra, tampoco cuándo termina. Concibo la obra como una e inseparable de la vida, la obra como un ser que crece imparable. Identifico, sí, algunos momentos en la creación: una necesidad de intentar decir, la llegada de voces e imágenes, la escritura que fluye sin planeación y luego, cuando algo comienza a manifestarse, algo con cuerpo, una forma significativa, inicio la composición y la reescritura. Bueno, acabo de describir rápidamente el proceso con el primer libro de poemas.
Durante esos más de veinte años, con interrupciones, claro, pasaba las noches hallando nuevos poemas detrás de los poemas, tallando, esculpiendo y danzando. Sobre todo en un periodo practiqué la danza, el movimiento estaba muy ligado a la escritura. Tiempo después, derivados de ese libro en el que también había, desde la poesía, un diálogo con la pintura, (labor que practiqué solo en algunos momentos fuertes de la vida) y con el teatro, fueron a mezclarse con una obra de teatro ritual que creamos con PoeZía, mi compañera, titulada La Divina con medias y más adelante la puesta poético – escénica Tríptico del fervor. Un poema de ese primer libro En lengua de bruja: partitura para cuerpo y voz es uno de los hilos con los que en 2017 se tejió Salto: poema entre-tejido, la continuidad del primer libro y a la vez su contrario. Salto es un poema madre del cual se despliegan nuevos poemas, una suerte de hipertexto en el que se experimenta con los pies de página y la disposición de las palabras en el espacio de la página. Este libro, en cambio, se escribió en unos días y a partir también de una serie de experiencias con estudiantes y artistas externos en los laboratorios de la investigación – creación “Escrituras desde el cuerpo” que acompañé en 2017 y en la que se integraron las artes escénicas y plásticas con la creación literaria. También por ese tiempo, por la cercanía con PoeZía me acerqué a la cerámica y de esa experiencia también se nutrió el cuerpo de Salto. Así, en relación con los procesos, suele haber también un enlace entre diversas expresiones, unas veces el poema surge de una previa experiencia con otra expresión artística, otras, aparece entretejido con; y otras veces aflora primero la palabra y luego se expande. El poema va tejiéndose articulado, en mi caso, a prácticas artísticas diversas, en general.
Salto fue también semilla para dar forma a la instalación “Obra en Obra” que realizamos también en 2017 con los estudiantes y artistas externos que conformaban los laboratorios de la investigación-creación “Escrituras desde el cuerpo”. Derivado un poco de la experiencia del proyecto “Al Aire Libro” que iniciamos en 2015 con PoeZía, buscando posibilidades de creación y acción colectiva, desde la literatura, formulamos en “Obra en Obra” una instalación poético – plástica, hipertextual y colectiva que resultó bastante nutritiva: se integraban en un cuerpo a recorrer diversas piezas en las que la palabra poética se fusionaba al barro cocido, se incorporaba a la escultura en yeso, a las telas desde el bordado, a múltiples soportes que en muchos casos añadían nuevos sentidos al texto. Mucha textura, color e interactividad había en el recorrido de “Obra en Obra”. Quizá por esa serie de experiencias, la forma experimental de Salto y su repentina aparición en la que también influyó el pie, como soporte de una página, creado en cerámica, un pie que dio pie al juego estructural con los pies de página en el libro.
¿Proyectos actuales?
Actualmente Salto está en proceso de expansión. Algunos poemas se han abierto y han dejado salir pequeñas escenas con marionetas en las que estamos trabajando, algunas experiencias sonoras, otras con el dibujo y la pintura. Se van tejiendo en este momento varios proyectos enfocados en la escritura colectiva, colaborativa e hipertextual. También, en este momento, desarrollo una indagación sobre pedagogía de la creación literaria en conjunción con otras expresiones artísticas y con comunidades.
Poemas de Liliana Moreno Muñoz pertenecientes al libro de poesía Salto (2018)
DEL MURO A LA VENTANA Y AL ESPEJO
Fue una mañana encendida
como esta
brotaron flores en el muro
y luego, un terror narciso en la secreta ventana
donde escribiste un sauco
Una noche y alguno de tus nombres
Supe
al ver mi agitado ramaje
en tus pupilas
como ahora
que hay un viento
hay un viento que trae
de muy lejos
la misma y otra música
la misma y otra pócima[1]
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[1] Con manos de polvo escribe el tiempo
en los rincones donde aprendí a ser fantasma
Respiro el tejido infinito
en los bordes de un espejo
quebrado.
Soy quien arrulla la niebla y en susurros te habla
de la alegría de un día,
de este instante de trazos circulares
en la tierra
del sueño.
Soy quien contempla el acertijo en el gesto
de la luna
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en el aljibe
y encarna en grito,
en fervorosa carcajada.
Soy quien pronuncia los versos secretos
que escribiste con tiza en un pliegue de la noche.
Soy mujer de un solo libro
que se reescribe infinito
en el canto de los días,
en nuestros cuerpos
tan terrenales que celestes.
Aleteo de ávidas aves
muy cerca.
Descifro y soplo.
Un beso infinito florece en silencio de antorchas.
Y ME PRONUNCIO EN EL BARRO
Palabras sustancia
Palabras temblor
Vibración
Palabras-viaje
Palabras-arte
Palabrazarte
Palabrigarte
Palabra-alarido de la tierra
Sutil temblor en el aire denso
Palabra-nueva que me ronda
Se extiende, se comprime
Halo en el cristal
Diáfano espejo
Palabraviva , palabras-juego[1]
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[1] Las alegres uniones entre palabras: una epidemia – dirá la máquina. Esta voz se obstina y canta, en líquida desvergüenza. Sólo a veces, en brevísimos instantes, advierte un sonido, como un látigo que se alza. Entonces reconoce, como el pez, el agua (roja o azul), allá, bajo la red que le sostiene en el aire. Por primera vez, por vez primera: el agua. ¡Qué maravilla! – dice y salta.












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