¿Un sentimiento? ¿Un ideal? ¿Una esencia que nos ampara de la crudeza de nosotros mismos? ¿Una luz en medio del camino turbio? ¿Una figura que nos salva? No lo sabemos… ¿Angustia del que sufre por su ausencia? ¿Rutina por los más insulsos? ¿Honor para el afligido? ¿Placer para el aventurero?… anhelo del poeta, pero de su escasez brotan los mejores versos… ¡No importa!… sus efectos son mucho mejor que cualquier alucinógeno; toda tu materia gris empieza a cobrar vida; dendritas y axón son cómplices de múltiples caricias, una lluvia de colores fluorescentes cae por tu mente, derramándose en forma de manos vivientes que no pararán de hacerte cosquillas en el corazón y tu barba no tendrá otra opción que estallar a carcajadas. Y esa puta droga se llama amor… abres los ojos y te sientes afortunado; pues tu dealer son unos espectaculares labios rojos, unas despampanantes caderas con un trasero que lo envidiaran todas la latinas y encima de todo esto, te susurra al oído: te amo.

Andrés Obando

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