Fotografía: Mateo Caballero
Por: Ana María Suárez

Sobre el abandono,
he sabido lo que es irme de mí misma,
arrojarme a la suerte,
subir y bajar colgada del hilo de la rueda de la fortuna.

Sobre el abandono,
me abandonó mi padre,
el terrenal, el celeste.

Penden dos relojes detenidos
que han abandonado al tiempo,
uno se llama recuerdo,
el otro, olvido.

Los extraño como se extrañan las mañanas de la niñez,
el desayuno de todos los días,
la pureza de la juventud.

Sobre el abandono,
abandono al mundo antes de que él acabe por abandonarme,
o acabe conmigo.
Antes de que note que yo renuncié a caminar sus tierras,
a nadar sus aguas,
todo porque nunca aprendí a caminar ni a nadar,
tampoco aprendí a vivir con la herida del abandono.

Mundo, yo te extraño,
mucho antes de haberme colgado del hilo,
por eso te abandono, porque al que abandona
siempre le duele menos que al que se queda
en el desamparo sumergido.





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