El espíritu libre del Arte disfrutaba viajando de ciudad en ciudad, era feliz rompiendo fronteras y atravesando continentes. Su alegría estaba en la brisa, en el contoneo de femíneas caderas morenas. La sabiduría de la montaña bajaba a la cabeza de los hombres gracias a la poesía de almas ancestrales. Los poetas urbanos hicieron macabros pactos con aquel poderoso espíritu para que su aliento maldito destilara el hedor de inconformismo que aún persiste hoy… En medio del caos el Arte continuaba con su periplo hasta que divisó territorios abundantes en nobleza, esfuerzo y talento y allí quiso depositar su semilla. En las primeras semanas labraría el alma de quien sería el cimiento de este proyecto. Con el pasar del tiempo el Arte sembraría su esencia en Pequeños Relatos y empezaría a germinar un grupo de amigos que se harían hermanos como una maraña de raíces y los cuentos y la poesía serían los nutrientes con los cuales irían abonando el Colectivo. La semilla fue convirtiéndose en planta y su corteza fue constituyendo un tallo más sólido. Con amor y disciplina, mañana, tarde y noche, con lápices y pinceles el tallo se ha ido convirtiendo en el tronco de esta Revista y de sus ramas han comenzado a crecer hojas, páginas y flores exóticas. Ya van 365 días atravesando tormentas y adversidades.
Ya van 365 días gozando de la sonrisa del sol y de la paz de la luna. Pequeños Relatos hoy cumple 1 año de vida… Vida que le debemos no solo al Arte, sino a cada uno de nuestros hermanos escritores, que han confiado en nosotros y han compartido con otras mentes inquietas sus historias. Pequeños Relatos no tendría vida si no fuera gracias a cada uno de nuestros amigos lectores, que nos han acompañado semana a semana, que nos motivan día a día a continuar cultivando esta pequeña parcela que algún día será un abundante bosque; porque el Espíritu del Arte considera tierra fértil esta hermandad.






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