Ilustrado por: Alejandra Pérez

Texto: Juan Bustamante

Querido hijo,

Me tomo con diligencia la desfachatez de dirigirte mi carta póstuma. Me esforcé un montón para conseguir una pluma y un pedazo de papel, vamos, no creas que todo es muy fácil cuando eres un alma en pena, atrapada en un mundo que, poco a poco, te comienza a ser ajeno y hasta peligroso. Pero bueno, aquí estamos.

            Han pasado ocho años desde aquel fatídico 3 de junio del 2011, en La Milagrosa, un barrio de Medellín cercano a Buenos Aires, donde fui asesinado, pero no como te lo ha contado tu mamá o tus familiares. Nada de eso. Todo fue muy sangriento y doloroso, al menos para mí y para mi amigo del alma El Duende, ese era su apodo. Tu madre acababa de terminar, por decirlo así, conmigo. Tuvimos una fuerte discusión porque ella alegaba que no era mi prioridad, que mis amigos, el alcohol, blablablá… pero créeme que nunca le puse una mano encima, de eso jamás. Siempre respeté a tu progenitora y, en su momento, la mujer que tanto adoré. Y, vamos, ahora que lo veo desde la distancia —o más bien del otro lado, como les gusta decir a ustedes— tenía razón. Fui un descarado con ella y me arrepiento. Yo era adicto al alcohol, aunque ya lo estaba dejando poco a poco. Pero no, no aguanté más y exploté. Llamé al Duende para que saliéramos a ahogar mis penas y, cómo no, él me acompañó. Salimos en mi Peugeot, llegamos a un bar cerca de la Toma y pedimos primero un par de cervezas. Le conté lo que había pasado y él solo se limitó a escucharme. Después, pedimos algo más fuerte: ron. Yo llevaba una plata de una moto de segunda que había vendido en mi trabajo y también era quincena, así que cargaba bastante plata encima. De un momento a otro, empezaron a llegar unos conocidos y ahí finiquitó la conversación. Pero bueno, igual yo ya estaba como prendo, así que los recibí con afecto y seguimos con la juerga. Yo les dije: “pidan lo que quieran, que yo invito”. Todos me ovacionaron y me abrazaron. Lentamente, sentía el recuerdo de tu madre y la ruptura como algo lejano, distante. Luego, cuando ya estaba borracho, cerraron el bar y yo le dije al Duende que continuáramos la farra en otro lado. Él aceptó, ya también llevado del putas. En el camino, veía borrosa la carretera y empecé a sentir cómo se adormecían mis pies. De pronto, tuve que subir una falda bastante empinada, segunda, tercera, freno, tercera, ¡carajo, no sube!, primera, segunda y por fin. Cuando la subí, sentí un frenazo de una moto. No me había percatado que nos estaban siguiendo todo el rato. Me apuntaron, me gritaron: “hágale pues papi, sin visaje se va bajando de todo lo que tenga si no quiere problemas”, y dirigiéndose al Duende le dijeron: “y usted también, no se me haga el bobo, parcero”. Tuve un momento de lucidez en el que me di cuenta que aún tenía plata. La mitad ya, pero al menos tenía algo. Yo me negué, pero ellos ni se inmutaron y, como si de un acto rutinario se tratara, le pegaron un tiro en la pierna, en el pecho, en el estómago, y en la sien a mi amigo. Yo estaba horrorizado, pero antes que pudiera decir o hacer nada, ellos abrieron la puerta del auto y me sacaron bruscamente. Me golpearon hasta que estuve semiinconsciente. Sentí cómo me gritaban y me maldecían, pero yo no oía nada de nada, estaba en blanco. Luego: nada. Luz. El famoso túnel. Sí, era cierto. Volví a despertarme y me levanté con un esfuerzo inhumano. Miré hacia atrás y vi mi cuerpo tendido en el suelo, con dos tiros en la cabeza. Sentí náuseas, pero no tuve tiempo de vomitar, porque de una vez me transporté a tu cuarto. Estabas durmiendo plácidamente abrazado a tu madre. Desde ese día supe que mi misión era cuidarte, hasta donde me fuera posible…

Todos los días, a las cuatro de la mañana, antes de que se levante tu madre, me recuesto en el umbral de la puerta a observarla. Grito, me arrodillo y le suplico inútilmente su perdón, su misericordia. Pero no, ella sigue sumida en un profundo sueño, mientras que, en tu habitación, algún que otro espíritu maligno intenta invadir tu bello y hermoso cuerpo; yo lo impido, te protejo hasta donde puedo, me lacero el alma, el espíritu, por tu protección. Suelen atacarte cuando estás deprimido o estresado. En esos momentos, estás muy débil y eres muy vulnerable, muy propenso a que esos seres inmundos se apoderen de ti. Yo siempre estoy atento para impedirlo. Cueste lo que cueste.

Por otra parte, pequeño diablillo elevado y descuidado…Oh, a eso iba, mi chico. Esta tinta indeleble con la que estoy escribiendo no permitirá que deje la verdad en el aire: eres muy desidioso y, como ya te lo ha dicho tu madre centenares de veces, perezoso y mediocre. Sé que pensarás que te estoy regañando o sermoneando, pero no es así. Nunca escuchas a tu madre, pero quién quita que sí me escuches a mí, que ya me desvanecí entre las tinieblas del mundo, aunque no de tu memoria. Tú solo haces caso cuando, lo que ya te dijo tu madre en reiteradas ocasiones, te lo dice otra persona de frente, sin rodeos ni condescendencias. Eres, además, muy terco y por eso es que te has estrellado tanto en tu corta vida. Si sigues así, ni te alcanzas a imaginar lo que te espera en un futuro no muy lejano. Escuchar es la máxima refinación del espíritu, es la frase que te repetiría hasta el cansancio para que me entendieras, si estuviera contigo físicamente. Pero no, debo escribirlo aquí : ESCUCHA, ESCUCHA, que las cosas no son como crees que son, sácate eso de la cabeza. Deja de ser tan caprichoso y sé un poco más consciente con tu madre. Por Dios, ella cumplió el papel que le correspondía y hasta el que no: el mío. Ella dio, da y daría la vida por ti, por tu felicidad. Es un sacrificio el que hace todos los días por tu bienestar, créeme. A veces la sigo al trabajo y observo su diario vivir. Es mejor ni que te lo mencione, porque es demasiado difícil de entender, de asimilar para una persona como tú, que sólo piensa en sí mismo. Alguien tenía que decírtelo, y ese soy yo, mi chico.

Por otra parte, pequeño diablillo elevado y descuidado…Oh, a eso iba, mi chico. Esta tinta indeleble con la que estoy escribiendo no permitirá que deje la verdad en el aire: eres muy desidioso y, como ya te lo ha dicho tu madre centenares de veces, perezoso y mediocre. Sé que pensarás que te estoy regañando o sermoneando, pero no es así. Nunca escuchas a tu madre, pero quién quita que sí me escuches a mí, que ya me desvanecí entre las tinieblas del mundo, aunque no de tu memoria. Tú solo haces caso cuando, lo que ya te dijo tu madre en reiteradas ocasiones, te lo dice otra persona de frente, sin rodeos ni condescendencias. Eres, además, muy terco y por eso es que te has estrellado tanto en tu corta vida. Si sigues así, ni te alcanzas a imaginar lo que te espera en un futuro no muy lejano. Escuchar es la máxima refinación del espíritu, es la frase que te repetiría hasta el cansancio para que me entendieras, si estuviera contigo físicamente, obvio . Pero no debo escribirlo aquí : ESCUCHA, ESCUCHA, que las cosas no son como crees que son, sácate eso de la cabeza. Deja de ser tan caprichoso y sé un poco más consciente con tu madre. Por Dios, ella cumplió el papel que le correspondía y hasta el que no: el mío. Ella dio, da y daría la vida por ti, por tu felicidad. Es un sacrificio el que hace todos los días por tu bienestar, créeme. A veces la sigo al trabajo y observo su diario vivir. Es mejor ni que te lo mencione, porque es demasiado difícil de entender, de asimilar para una persona como tú, que sólo piensa en sí mismo. Alguien tenía que decírtelo, y ese soy yo, mi chico.

No tomes a mal lo que te estoy diciendo; duele, lo sé, sientes como una punzada en el estómago y en la espina dorsal cuando alguien te habla así, como yo lo estoy haciendo; pero no te preocupes, aún estás a tiempo de cambiar, de hacer de tu vida algo no tan tormentoso, no seguir los pasos de tu mamá ni los míos. Te limpiamos el camino para que no te tropezaras tanto, para que pudieras levantarte sin rencores e incluso con más energía y con la fuerza de un oso, si eso llegase a pasar. De un modo a otro, pretendimos facilitarte la vida, ¿y tú qué haces? Te resistes, eres grosero con tu madre y todo lo que ya te dije líneas atrás. ¿Por qué?, me pregunto cada vez que le respondes de mala manera cuando te llama, cuando te imparte alguna orden y tú rezongas y a veces, cuando no estás de humor, hasta la maldices en silencio. Pero es algo normal, todos pasamos por eso, incluida tu madre, yo, tu tío, tu abuela, etc. Todos tuvimos que soportar los regaños de nuestras madres y ¿qué crees que hubiera sido de nosotros sin todo eso? Estaríamos perdidos, atrapados y acorralados por nuestros propios deseos y caprichos. La madre te orienta, te indica el camino correcto con su experiencia que no se negocia, o en ocasiones, cuando decides no seguirlo, sino tomar una vía alterna, te da instrucciones de qué hacer para cuando estés construyendo tu propio camino, si es que así lo quieres, y así veo que lo estás haciendo. Y no está mal, de hecho, pienso que es lo mejor para alguien con tanto potencial como tú, pero chico, el talento que emerge de ti como una llama, como un río que fluye furioso hacia el mar, que borbotea, se ahoga, grita y pide ayuda y que al final saldrá a flote, para cautivar al mundo con su contundencia… pero no se va a desarrollar por sí solo. En una palabra, te resumo todo lo que tengo por decirte en cuanto a eso: constancia… digo, tres: constancia, disciplina y voluntad. Esas tres cosas aplicadas de la forma correcta a tu oficio, que es la música, y no va a haber fuerza humana que pueda pararte. Tiempo también, date tiempo, explórate, mira con linterna en las cavernas de tu alma y escucha a tu subconsciente, esa entidad que habla con voz inaudible pero que no cesa hasta ser oída. Practica, practica hasta que no puedas más, toma descansos activos para estirar y pensar un poco, y pon como prioridad tu pasión, sin dejar de lado tus obligaciones ya establecidas en tu hogar y, como es obvio, con tu madre. Nunca te olvides de ella. J A M Á S. Puedes estar viviendo en otra galaxia, pero nunca pierdas la comunicación con ella. Cuéntale qué hiciste, cómo estuvo tu día, con quién tuviste este o tal disgusto y por qué. Sé sincero siempre y dile en qué te equivocaste, desahógate y no te guardes nada que es peor. Luego, pregúntale a ella, interésate por su vida, haz lo que sea necesario… pero no tires al cajón del olvido sus esfuerzos, su vigor, su empeño y el sudor de su frente para sacarte adelante a ti; sin embargo, sobre todas las cosas, nunca te olvides de su incondicional amor. No seas tan desagradecido con la mujer que nunca te abandonó y que no lo haría nunca, ni siquiera en otra vida ni en otras circunstancias.

Y una última cosita, ya que se me está acabando el papel y la tinta: cuando cumplas dieciocho años, no podré seguirte protegiendo. Soy tu ángel guardián, sí, pero por tiempo limitado. Lastimosamente, yo también tengo fecha de caducidad, o lo que considero yo, un descanso de este limbo. Tu madre te ha educado y te ha entrenado para salir a enfrentar al mundo con todo tu esplendor de una manera que, simplemente, me deja sin habla. No hay palabras para describirlo. Pero, como te dije, a partir de esa fecha, espero que puedas recibir esta carta y continuar tu camino… sin mí. Siempre he estado contigo, a tu lado, cuando comes, duermes, hablas, en todo momento. Pero ya no podrá ser así, debes ponerle la cara al mundo y vivir. No puedes seguir escondiéndote en ese cascarón. Debes mudar de piel, dejar de ser una oruga y convertirte en una mariposa que vuela libre por los confines del universo. Debes afrontar las consecuencias de tus actos y hacerte responsable de ellos. Pero,indudablemente, debes amar a tu madre, como nadie jamás haya amado en este planeta. Sin nada más que decirte, me despido… para la eternidad.

Con mucho cariño,

Walter.

Sobre el autor:


Juan Bustamante

@escritos_paralelos06

Juan Andrés Bustamante (2004). Es estudiante de último grado de bachillerato en Villa Hermosa, Antioquia. Reside en Sabaneta, cultiva la filosofía, la música y la pintura en su rutina diaria. Además, trabaja en un movimiento literario y artístico con unos amigos. A lo largo del 2019 y del 2020 escribió cuatro poemarios (Momentos; La Anaconda; Música + Poesía = Vida y Libertad múltiple, estos tres últimos son atribuidos a tres heterónimos) y un libro de cuentos, cartas y relatos (Mundos Paralelos) que se encontrará disponible a la venta a partir de la segunda semana de febrero en librerías de Medellín

Deja un comentario

Tendencias