Ilustrado por: Alejandra Pérez

Texto: Sebastián Santamaría Présiga

Antes de que la primera nevera se manifestara en los hogares familiares, las personas compraban únicamente lo que iban a comer; no por falta de dinero, sino por falta de un lugar para almacenar los alimentos frescos. Luego de que este electrodoméstico se hiciese asequible, los hábitos cambiaron y ya se compra incluso aquello que se sabe que no se va a cocinar. En este pequeño armario grisáceo y metálico no hay lugar para la holgura —qué diferencia respecto al apetito de quien la llena.

Sobre el autor:


Sebastián Santamaría Présiga

@sian9667

Soy amante de las historias cotidianas y los detalles que pasan desapercibidos entre el constante andar hacia nuestros sitios de trabajo o estudio. Escribo para describir aquello que cautiva mi atención y no se convierta en algo efímero.

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