Fotografía de: Lina Moreno

Texto: Edward Higuera

Me fui al centro del bosque más bosque de todos, porque uno por amor puede hacer lo que sea, y ahí lo encontré. Él me contó que no creció allí, me contó que creció lejos, en una montaña a la cual le abrieron una inmensa herida en su tierra, una herida que jamás podría cerrar, una herida invisible para la mayoría, pero no para él ni para los pocos árboles que lo vieron germinar, mientras, él vio como los talaban en un lugar que ya no era hermoso, un lugar que pronto se convirtió en arena en el momento en el que perdió sus colores, perdió la vida.

Cuando apenas era un pequeño desprendió sus raíces del suelo y escapó, durante años atravesó bosques tentadores en donde quiso quedarse, pero sentía que tenía que llegar más lejos, así que continuó sin detenerse. Atravesó arroyos y senderos hasta llegar a ese lugar y supo que posiblemente se convertiría en el hogar de las aves u otros animales, supo que allí sus hojas adornarían el suelo cuando se secaran y cayeran, supo que ahí estaría tranquilo, que viviría y así lo hizo, hasta convertirse en el árbol más grande y mágico del mundo.

Yo le conté que había llegado hasta su hogar porque necesitaba un favor que solo le podía pedir a él, era algo que quería regalar por amor, entonces el gigante me ofreció una flor que solo crecía en ese bosque, era tan hermosa que tan solo con verla se sentía que el alma deseaba salir del cuerpo para tocarla, pero la rechacé, porque eso no era lo que yo estaba buscando; luego me ofreció la fruta más dulce, jugosa y deliciosa que jamás podría encontrar en otro lugar, pero también la rechacé. El árbol me preguntó por aquello que yo buscaba y le expliqué que iba en busca de clorofila, necesitaba toda la que pudiera darme, fue entonces cuando el inmenso árbol enrolló un pedacito de su hermosa corteza e hizo un recipiente muy pequeño y me lo entregó con una gota mágica de clorofila en su interior, esa gota podía convertirse en toda la que yo necesitara; le agradecí y salí corriendo a la montaña más alta del mundo, porque uno por amor puede hacer lo que sea.

Cuando logré llegar a la cima, pude hablarle al imponente sol y le dije que necesitaba un favor que solo le podía pedir a él, era algo que quería regalar por amor, entonces el sol me ofreció un eclipse como ningún otro, pero lo rechacé porque eso no era lo que quería que hiciera, luego me ofreció un atardecer lleno de colores desconocidos, pero lo rechacé porque eso no era exactamente lo que quería pedirle, luego el sol me preguntó por aquello que yo necesitaba y de inmediato le entregue el frasco de corteza con la gota para pedirle que se bañara con ella. Ese día el horizonte se pintó de otro color, el atardecer brilló con la magia del bosque y así mi madre disfrutó de su color favorito. 

Sobre el autor:


Edward Higuera

@wicharvoz

Mi nombre es Edward Higuera, pero la mayoría de personas me conoce como Wichar. Podría mencionar cualquier aspecto relevante de mi vida tratando de resumir y comunicar quién soy, pero hoy he decidido simplemente decir… que lo que más disfruto en mi vida es escribir cosas.

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