Ilustrado por: Lina Moreno

Texto: Ana María Gayón Cano

No consiguen bien, los aquellos que entre las calles que tanto llaman hogar se presentan gustosos como héroes; sin embargo, no son culpables, tampoco inocentes. Tristes, tristes y tristes destinos les esperan susurrando al oído cada mañana cuando  despiertan.

Se tranquilizan cargando las armas.

Y pum, pum, pum.

No pasa nada, solo es sangre, más y más sangre.

¿Y por qué no duele? Les sirve de anestesia el dinero en sus bolsillos que les escribe en la frente la palabra más deseada y dañina: ‹‹P-O-D-E-R››.

La cuadra. Huye. No te escondas. Aranjuez, aquí todo se dispara, te encontrarán. Gilmer Mesa no es el protagonista, tampoco podríamos decir que él es un antagonista en esta historia, pero definitivamente es un narrador que nos lleva a través de sus recuerdos por la historia de la banda criminal de Medellín: “Los Priscos”. Su narración en primera persona cautiva nuestra mirada ante la realidad y nos conduce con sus palabras, por el camino que recorrieron al intentar ser “alguien” en medio de tanta pobreza y violencia. Habiéndola sobrevivido y siendo el hermano menor de uno de los integrantes más reconocidos, Gilmer relata la triste realidad vivida en Colombia a finales de los ochenta, en Medellín, cuando la situación con el cartel era delicada y estaba por empezar una guerra con el Estado. “Los priscos”, o “riscos” llamados así por Gilmer en su libro, fueron una banda criminal de jóvenes que comenzó con la familia de apellido “Prisco». El libro sostiene una realidad dura de leer, porque nunca queremos verla, ni antes ni ahora, debido a su crudeza.

Leer este libro es hallarse en medio de la violencia sosteniendo apenas nuestra impotencia, es abrir los ojos y querer gritar; más que recomendar su lectura, antes de abrir este libro deben saber que con cada página que pasen sentirán la necesidad de gritar y hacer algo, hacer algo,  aunque sea, algo. La agresividad y la ley del límite del dolor. Actos de violencia perpetrados por manos de niños, que tienen que vivir como adultos, en su barrio, su único mundo, donde matando y delinquiendo consiguen respeto, poder y mucho dinero ya sea para ellos o para su familia.

Ser niño en Aranjuez por ese tiempo en Colombia, donde se evidencia que la violencia no está en los genes; está en la desigualdad y en el diario vivir, en la precariedad teniendo como único ejemplo la violencia. “En donde el rico se hace más rico y el pobre más pobre” deja de ser un cliché para ser una realidad. La delincuencia no es una decisión, ni una opción, es la única forma de sobrevivir para aquellos que, desde recién alumbrados, carecieron de toda elección.

No consiguen los aquellos llamados riscos y priscos y asesinos y mafiosos y… y… y…  interminables, no consiguen más que la muerte desquebraje de a poco su piel, antes tierna e inocente. No despiertan nunca del letargo insomne del poder vomitado del verde dinero. Y si la sangre mancha sus manitos, será su sangre la que manchará el pavimento sucio, será la muerte. ¡Fue la muerte, quien les besó la frente antes de dejarlos caer para siempre en el lecho de nieve blanca que tanto, tanto les gustaba!

No pasa nada, allá donde crecen las flores del mal. Se echa agua bendita, se contempla una virgen y a su lado una niña violada y embarazada. No pasa nada, que si se suicida no va al cielo, pero que tengan al niño, pero si lo tienen igual son unas putas, para qué se dejaron hablar de los priscos, esos niños del barrio las sedujeron, pa qué abrieron las piernas, putas. Pero no aborten, eso es pecado, no pasa nada, vamos a la iglesia, recemos que las manos de los gritos causados nos ahorcan, solo si no rezamos.

Gilmer Mesa logró salir de allí, de ese que por entonces fue su único mundo, del miedo, del poder a punta de mafia y violencia, de la depresión al ver a su hermano Alquibitar sucumbir ante la muerte que tanto lo esperaba. Presenció la maldad con el nombre mal dado y maldito de Kokorico, el autor y creador de una de las prácticas más inhumanas, salvajes, aberrantes y terribles bautizada por sus participantes e incrédulamente niños: El revolión. El cual es un acto tan horroroso que no seré yo quien se los narre, para ello y para saciar su curiosidad, tendrán que leer el libro, en el capítulo que se titula de la misma manera, que sea Gilmer el encargado de llevarlos a través de una historia que ni las religiones ni Dante pudieron imaginar con sus tantos infiernos, y es que saber que esto fue verdadero, me causa más miedo que cualquier castigo.

¿La necesidad?, ¿no tener opciones?, ¿la supervivencia?, ¿qué dirías tú? Cualquiera puede decir que esa no es la forma, que existen otras maneras, pero ¿de verdad lo crees? Después de leer el libro, de cerrar la última página, cuando sientas que solo te queda un impulso de llorar y retienes un grito apenas ahogado en la garganta, respóndete, no a mí, no a nadie, ¿de verdad lo crees?

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