Texto: Paola Vargas
A menos de cien días para las elecciones de Cámara y Senado del siguiente periodo legislativo, la Registraduría Nacional, entidad encargada de llevar a cabo el conteo de las votaciones y dar los resultados, lejos de irradiar confianza y seguridad, provoca que los colombianos cuestionemos la transparencia del proceso. Debido a factores como las fallas en la inscripción de cédulas, nombramientos sospechosos en cargos departamentales por cuenta de la actual administración, declaraciones del registrador en tono desafiantes hacia los sectores que lo cuestionan, entre otros. La sociedad ya no cree en la democracia del país.
Es que, si vamos a hablar de las elecciones, la Registraduría, sus actos y actores, debemos empezar por mencionar a quien dirige la entidad por estos días. Se trata de Alexander Vega, el exmagistrado y ahora registrador nacional, quien tiene cuestionamientos en el caso Odebrecht, donde hay cerca de 200 minutos de conversación con Otto Bula y el Ñoño Elías que lo comprometen, además de la presunta venta de sentencias cuando era magistrado del CNE (Consejo nacional electoral) y de hacer parte del “Pacto del silencio” dónde se archivaron investigaciones por corrupción en las campañas presidenciales de Óscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos en el pasado.
Ya en calidad de registrador, Vega ha removido cerca de 1500 funcionarios de la entidad reemplazándolos por fichas políticas para pagar favores a quienes lo han ayudado a llegar a donde está o así se evidenció cuando destinó a Julio Novoa Fontalvo para organizar las elecciones en el Atlántico, bajo el cargo de delegado departamental. De acuerdo con el diario El Heraldo, en enero de 2020, el orondo servidor público se posesionó agradeciendo a la familia Char (Clan político que gobierna en la costa colombiana) por sus logros profesionales. Los Char pertenecen al partido Cambio Radical, partido que, como recordarán, no se ha perdido un escándalo de corrupción en los últimos años.

A esta polémica forma de llevar las riendas de la autoproclamada “registraduría del siglo XXI”, se suman las voces de desaprobación que desde hace años se vienen pronunciando en contra de que cada jornada electoral deba contratar un software desde una empresa privada, en lugar de que el Estado cuente con uno propio que permita, entre otras cosas, hacerle auditoría a cada una de las etapas de la jornada electoral evitando situaciones donde la credibilidad de la institución quede en entredicho.
Si bien la entidad acató normas como cambiar el software para el conteo de votos y agregar uno nuevo para el registro de cédulas, a raíz de la sentencia que impuso el Consejo de Estado en el 2018, donde se le devolvieron tres curules al partido Mira al reconocerse que hubo irregularidades en el conteo que provenían de los softwares empleados, las primeras impresiones que deja la primera fase de inscripción virtual es que la plataforma encargada de registrar los datos de los ciudadanos es demasiado débil y que su capacidad pudo haberse evaluado antes de entrar en operación con el fin de contrarrestar las falencias que hoy saltan a la vista.
Con el comportamiento de esta primera fase de inscripción nos podemos hacer idea de qué podría pasar ya en plena ejecución electoral de 2022. Pese a que este año no será la empresa de siempre la que se encargue de los comicios, la Registraduría no se ha esforzado por asegurarle al país la transparencia de la jornada que viene, empezando porque debió ser el Consejo Nacional Electoral el que se encargara de la contratación de los responsables del proceso y no la Registraduría.
También se agrega el sorpresivo anuncio en el nombramiento de INDRA, empresa española encargada del conteo de los votos en la próxima designación de cargos políticos, puesto que la selección, llama la atención, duró menos de un mes. Al sol de hoy no se conoce entrevista alguna de la candidatura y no hubo otra empresa que compitiera para ejecutar el proyecto. El contrato se entregó por 27 mil millones de pesos colombianos, a los que hasta ahora no se les ha hecho auditoría y para ser sinceros, no hay indicios de que se vaya a hacer. Las elecciones están a la vuelta de la esquina y el registrador va a dejar que el plazo simplemente se venza.
Seguramente, la Registraduría nunca había estado tan expuesta al ojo público en unas elecciones, las diversas demostraciones de descontento que se han hecho notar a lo largo del país han dejado claro que la posibilidad de cambio solo se va a dar si participamos en los procesos electorales y el debate nacional. De esta forma, los ciudadanos no solo han visto las caras y las propuestas de quienes aspiran al cargo, sino que también han podido apreciar las declaraciones que desde esa entidad han salido, dejando más preguntas que respuestas.
Recuerden que hace unos meses el propio registrador dio declaraciones sin explicaciones del por qué, y sin sonrojarse, aseguró que somos 55 millones de colombianos votantes y no 50 cómo lo aseguró el DANE en el último censo nacional. Después de la controversia, y sin explicar mucho, dijo que las dos entidades se iban a poner de acuerdo en las cifras. En otra oportunidad en 2021, dijo que “quien no sintiera garantías en el proceso electoral no se debería presentar” en respuesta a cuestionamientos que se le hacían, dejando en el aire tonos retadores que abren una bolsa de preguntas: ¿De dónde salen los 5 millones de colombianos más? ¿Quién garantiza la transparencia si no hubo auditoría?
Entonces, tenemos un organismo que parece esforzarse por cumplir con los requisitos para el proceso electoral, pero que en realidad hizo lo básico y dilató procesos de auditorías vitales para garantizar la transparencia en el proceso; todo esto deja en entredicho a la empresa encargada de ejecutar el contrato de las elecciones por no hacer pública la licitación donde salió ganadora, dado que el encargado de esa organización tiene serios cuestionamientos por sus relaciones políticas. Al tiempo que tenemos a un organismo como el CNE del cual no tenemos muy claras sus funciones y las de sus funcionarios.

En lo que a mí respecta, considero más que nunca la importancia de ser partícipes de este próximo ejercicio electoral a través del voto, y de ser posible, siendo testigos electorales para disminuir, aunque sea un poco, la posibilidad de fraude. Si bien no podemos garantizar el resultado de todo esto, por lo menos podemos intentarlo. Ponerse la camiseta e intentar dar ese paso que por años el miedo ha impedido nunca estuvo tan claro. Nos vemos en las urnas.
Sobre la autora:

Paola Vargas
Es estudiante de pregrado de Comunicación social y periodismo, amigable con los perros y fiel admiradora de los gatos. En sus ratos libres riega y cuida sus planta, en su cabeza recorre la galaxia en busca de formas e ideas diferentes que la acerquen a posibles respuestas de tantas preguntas que hoy invaden a muchos llenando de curiosidad y vida a su existencia.
Agradecida de ser campesina, de disfrutar placeres tan sencillos y eternos como ver el agua de un riachuelo bañar todo un bosque llenándolo de vida y brillo. Está llena de historias por contar, pero sigue buscando las palabras precisas para escribirlas. Es santandereana revolucionaria de nacimiento por su sangre comunera, pero muy rola de corazón; de las que aman la changua en las mañanas y admira a los muiscas.





Deja un comentario