La no escritura de Vivian Abenshushan visita Bogotá

Texto: Ana María Suárez Santos

Cuando escribimos somos una multitud, siempre escribimos con palabras prestadas. Cuando despertamos somos una población, con-versar es dar vueltas en compañía.

Corría la tarde bogotana del 06 de abril de 2022. La ciudad en un caos fuera del habitual, las clases universitarias se cancelan a causa de las protestas de moteros en contra de las nuevas medidas de movilidad.

El Centro se alza alrededor de La bastarda especialmente quieto y silencioso, como si por una vez hubiera decidido prestarse a la escucha y hacer de recinto mudo para el ritual de la escritura colectiva. Trece mujeres bastardas sentadas en círculo, prestas al aquelarre y que ya habían mandando un hechizo al tráfico para poder llegar, se dispusieron a seguir paso a paso lo que la sacerdotisa indicaba.

Desde tejer una red lanzándose una madeja, pasando por una caminata aleatoria hasta encontrarse de frente con otra, mirar a los ojos a esa otra, hacerle una reverencia y escuchar su nombre, hasta ofrecerle un recuerdo a una pareja que para oreja, escribir juntas es un acto que implica amarrarse las cuerpas y atreverse a soltar el control de la pluma para tomarla en compañía de otra mano y dedicarle una palabra a la ventolina sobre la superficie de un papel kraft.

La laboratoria Escribir juntas fue para mí todo un viaje a la infancia, a poner las rodillas y las manos en el suelo, a hacerse en fila y pintarle a la otra en la espalda, a dibujar con marcador, a usar las tijeras y la lana. Pero más allá de eso, fue un espacio de creación salido de la norma, salido de la academia, del “deber ser» de la escritura.

Estamos acostumbrados a pensar en la figura de la escritora como la mujer sentada frente al escritorio con una taza de té y una pila de libros a cada lado, sola totalmente. Pero, ¿qué pasa con las cuerpas si se reúnen a escribir juntas? La tarde del 07 de abril, Vivian se dispuso a responder esta pregunta frente al público de la Biblioteca Nacional. La no escritura, la escritura colectiva fue para ella la alternativa ante la falta de alternativa en un medio que le pedía hacerse fotos de estudio y abrirse un espacio a codazos en el mundo literario latinoamericano de los 90.

Reconocer a la escritura como espacio micropolítico y responder al impulso de emplearla para reclamar nuestro derecho a vivir libres es algo que Vivian nos transmitió a todos los presentes y es algo que ahora yo quiero transmitirle a todo aquel, todo aquella, que se permita dejarse afectar en el total sentido de la palabra.

En La bastarda, la Séptima, la Biblioteca Nacional, en el Fondo de Cultura económica Gabriel García Márquez y en la Universidad Central, espacios que sirvieron de estancia para los asistentes al primer Festival La palabra en el espacio, marco dentro del cual se desplegó la visita de Vivian a Bogotá, me permití ser afectada, vivir el afecto, convivir en el afecto que converge en la palabra y, en especial, como Vivian, apostarle a una escritura descentrada. Me permití ser la mujer artista y disoluta que advierte Flaubert, pues era justamente ese el propósito del Festival: darle espacio a la palabra libre y mostrarla en toda su expansión, porque, ya lo dijo Vivian: la escritura hace posible.

Escrituras del cuerpo colectivo: cuando escribimos somos una multitud, la conferencia inaugural del festival, a cargo de Vivian, fue una clara y contundente invitación a bailar, a la insurrección rapante, a dejarlo todo y a subirse a contar el mundo desde los árboles.

Haber tenido la oportunidad de acompañar a esta artista mexicana a escribir a su manera, a caminar leyendo en voz alta por la carrera séptima con Al aire libro e incluso a bailar una cumbia mexicana en La bastarda la noche novena del sábado, no se me parece a una revelación ni a una epifanía, se me parece más bien a un espejo, un reflejo femenino que me invita a la danza, esa misma danza improvisada que cerró la laboratoria del miércoles. Nunca un grupo había hecho una ouija sujetando un marcador en conjunto sobre una hoja de papel, me enorgullece profundamente ser una de esas trece brujas colombianas que lo hicieron, porque la palabra no es solo una corte de grafías puestas en línea recta, la palabra es tan pero tan poderosa que puede incluso comunicarse con el más allá.

Vivian Abenshushan trajo su no escritura de visita a Bogotá porque con-versar es dar vueltas en compañía, porque escribir también es ser otra, porque cuando despertamos, se despierta con nosotros un sin fin de organismos que viven en nuestra cuerpa, porque somos población, multitud, gentío, pero sobre todo porque como mujeres creadoras somos equipo, somos palabra.

Les invito entonces a conocer el trabajo de esta mujer disoluta mexicana, a explorar su apuesta y a sumarse al movimiento de las escrituras expandidas, mas tengamos presente que antes de criticar al mundo hay que criticar las palabras del mundo en colectivo, porque co-lectivo es leer conjuntamente, qué dicha que seamos las otras, las disolutas, las que nos juntemos a hacerlo. 

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