Ilustración: Edward Higuera
Texto: Jorge Caro
“Si la prosa corresponde al caminar llano, la poesía corresponde a la danza. Debe pues empinarse, alzarse un tanto del suelo, levantarse sobre la prosa de la vida ordinaria como la bailarina se pone en puntas de pies. Pero no es un vuelo. La bailarina no vuela. Es casi como si fuera a volar, a despegarse del suelo, pero el gesto es a medias irónico, no trata de engañar, no sugiere ninguna elevación fingida. Así como el baile nace de la marcha, es como un andar tocado por la música y regulado por el ritmo, así la poesía debiera nacer de la vida común, de sus situaciones y experiencias. La bailarina, excepto por la breve duración de un salto, mantiene los pies en la tierra”.
La bailarina Sonámbula – José Manuel Arango
Al igual que una oruga cuando inicia su etapa de metamorfosis; sobre la rama de un árbol, se encontraba suspendida aquella bailarina. Con la fuerza de sus brazos, esta se impulsó para dejarse caer sobre el hilo rojo que había entrelazado sobre sus piernas para elevarse. Luego, ella movía lentamente las plantas descalzas de sus pies para deshilar con movimientos ondeados los trazos del capullo que había tejido encima de la rama del árbol.
Conmovido me vi después cuando la bailarina se elevó, sujetada por un nudo de agarre que esta había hecho a su espalda con aquel hilo rojo, luego con el movimiento de sus pies esta empezó a imitar el revoloteo de una mariposa por el aire.
Andrea Arjona Bermúdez, así se llamaba aquella bailarina que lucía una lycra oscura y ligera. Se encontraba practicando danza aérea en el parque de Iberia (Colina Campestre), fue su tez blanca y cabellera roja las que me recordaron a la figura mítica de Aracne; la diosa del tejido invisible. Y como salido del inframundo para guiar el hilar de su capullo, a su lado se encontraba Dante, un perro de raza criolla, quien era su compañero de aventuras bohemias.
Después de haber conocido a Andrea, me sumergí en la tarea de investigar ¿qué era la danza aérea? Durante mi investigación descubrí que este es un estilo de danza contemporánea, cuyo origen viene de la tradición circense en Francia. Su principal objetivo es que quien la practique logre desarrollar una buena destreza corporal. La danza aérea también cuenta con objetivos performáticos de gran relevancia, uno de ellos es hacer trascender por medio del lenguaje corporal aquel modelo de cuerpo pasivo impuesto por la sociedad. Tal y como lo cita Consuelo Pabón en el siguiente fragmento de su ensayo Construcciones de Cuerpos:
“Proponemos construir subjetivaciones o modos de existencia experimentales en donde los cuerpos sean capaces y puedan afirmar trágicamente el esplendor de la vida, creando realidades diferentes a la realidad del exterminio que hoy nos determina”.
En efecto, este arte aéreo, busca romper con el molde de lo monótono en el cual se encuentran enfrascados nuestros cuerpos en la sociedad, llegando así; a proponer una nueva perspectiva de ver la vida por medio de la acción corporal, la cual busca dar a comunicar una voz de manifestación y de inconformismo político o personal.
Andrea inició su camino en la danza cuando estaba en el colegio, una vez esta culminó su etapa de estudio, empezó una carrera universitaria alejada de la danza, ignorando que esta era un estilo de vida; el cual le permitiría a ella empinarse encima de la punta de sus pies, hasta elevarla a lo más alto y desde allí ver desde otra perspectiva: prosa de la vida ordinaria.
Una vez terminó su carrera profesional (2014), Andrea volvió a reencontrarse con la musa de la danza, la cual la guió para estudiar de manera profesional este arte. Fue así como la danza llegó a trascender de manera positiva en la vida de esta joven, en especial con el estilo de danza aérea, como me lo hizo saber:
— ¿Cómo fue tu primer acercamiento con la danza?
— Yo desde el colegio bailaba, siempre tuve mucha afinidad con la danza. Sin embargo, a mí nunca me hablaron de que esta fuera una posibilidad de estilo de vida y por ende nunca la contemplé para mi profesionalización, entonces estudié otra cosa, y al finalizar ese estudio la volví a retomar. Luego, la danza me volvió a llamar (2014); de ahí, para estos tiempos (2021), sigo bailando.
— ¿Cómo fue ese primer acercamiento tuyo con la danza aérea?
— Estaba estudiando una técnica que se llama ballet Jazz y tuve una lesión. Le pregunté al director de la academia dónde daban este tipo de técnica de danza y si me daba la oportunidad de probar mientras me pasaba esa lesión. Entonces probé y para mí fue un contraste de lo que yo pensaba de la técnica, porque cada vez que la veía, para mí no era algo impactante, pero al momento de hacerlo fue como un choque; un choque de convicciones que tenía sobre esto y cambió un montón mi perspectiva de la misma.
— ¿Cómo influyó en tu vida?
— Ha influido de gran manera. Para superar muchos obstáculos mentales, en la fuerza, en la elasticidad, en la motricidad; y sobre todo en la constancia.
Y así fue como ella descubrió a fondo esa otra forma de poder construir realidades y comunicar su inconformismo por medio de su cuerpo. Siendo el capullo que teje con su danza, la alegoría con la cual Andrea buscaba resignificar un aspecto de su vida, llegando así a encontrar una voz propia de protesta cada vez que ella iba y se elevaba sobre aquel pedazo de tela.
Durante aquellos tiempos de paro nacional que vivía Colombia (2021), fue cuando los colectivos artísticos se colocaron cita el 28 de abril de aquel año para a salir a manifestar su inconformismo hacia el gobierno, el asesinato de lideresas sociales y el caos desatado por los enfrentamientos entre jóvenes protestantes de la primera línea con policías del Esmad.
Fueron los jóvenes artistas quienes por medio de su arte buscaban darle otra tonalidad al tinte gris que por esos días coloreaba al panorama actual de nuestro país.
Entonces, fueron los aerealistas los encargados de manifestar con su cuerpo aquellos signos de protesta por medio de la danza aérea. Entre ellos se encontraba la bailarina tejedora Andrea Arjona, quien junto a ellos salió a marchar por las calles de Bogotá hasta llegar al entonces monumento a los Héroes, para ponerse en la tarea de tejer su voz de agonía, por medio de la acción teatral de suspender su cuerpo boca abajo, sostenida de aquel hilo rojo y mostrándole al público que desde una acera o sobre el monumento de Bolívar estaban como espectadores; observando la imagen de un cuerpo maltratado que se encontraba con la boca vendada, la mirada perdida y las palmas de las manos sangrando.
Con la duda de saber si aquel era el cuerpo de una mujer maltratada, una lideresa social asesinada, o si, tan solo, se trataba de un cuerpo sin identificar, le consulté a Andrea ¿Cuál era su objetivo semiótico con aquella imagen que recreaba con su cuerpo? Y a mi pregunta, ella contestó que su performance lo deja abierto a interpretación del público.
Sobre el autor:

Jorge Andrés Caro Rodríguez
Tengo veinticinco años, estudio Creación Literaria. Desde pequeño he sido apasionado por el arte, ese gusto inicio con los primeros libros ilustrados que tuve para leer. Mi camino en la literatura comenzó cuando en el colegio escribí mi monografía de grado titulada “Estudio sociolingüístico de las jergas y modismos en los países iberoamericanos”.
Hice parte del grupo de teatro de la universidad Central, con este, me presenté con la obra “La Libertad es Mujer.” El año pasado fui publicado en la antología “Una cosecha literaria por Pauna”; proyecto que contó con el apoyo del colectivo La Cuarta Raya del Tigre. Disfruto de un rato agradable conversando con amigos, acompañado de una cerveza o un café caliente. Considero que socializar nos ayuda a complementarnos de las experiencias de los demás y a la vez tejer buenas amistades.





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