Un poema de Siruma López-Gómez
Ilustración: @_bluelain_
17 febrero, 2023
Unos ojos que miran sin pausa, una sensación de suspensión del cuerpo femenino con alas verdosas en los tobillos, el peso de los recuerdos que se vuelven río. El universo poético de Siruma López-Gómez ( @sirumalg ), ondula en las cumbres oníricas donde encuentra la fuente de sus versos.
Advertencia: hecatombe deviene
Ya se ha fugado de mi memoria el sueño reciente que fui.
La luz de las seis se colaba intensa por la cortina, estallando en mis pies y centelleando hasta mis ojos dormidos.
El latido cardiaco medianamente acelerado, preocupada desde entonces por la interacción con otros.
A primera hora del día, el primer pensamiento que me ocupa es cómo me veré, cómo me verán andar y hablar.
A veces en el transcurso del día, el latido llega a su cauce normal, mientras yo me relajo un poco y escucho un leve suspiro que se desprende de mi boca.
Las personas que quiero parecen traer la sensación de calma suficiente:
alivianan mi camino,
creo que nacen alas verdosas en mis tobillos marrones,
chispean luces de vida deseadas por mí.
Pero los malos recuerdos que conservo reaparecen de manera intermitente, estimulan la fuerza de figuras transparentadas, que intimidan mi paso
se me encharcan los ojos, se humedecen, advierten el desbordamiento de un río, un temblor sudoroso extendiéndose por las piernas, pesadas y endebles a la vez.
Suspendida en el tiempo, no sé andar y aun así, me miran a lo lejos.
¿Cómo podría saber lo que piensan los ojos ajenos sobre la silueta de una mujer perdida en vida? ¿Sobre el temblor sísmico que ahora ocupa un cuerpo femenino?
Ven desde una esquina próxima una figura gelatinosa con piernas y brazos que pierden consistencia, la liquidez parece amenazar. La figura está a punto de explotar. Y pese a ello,
los ojos que miran con atención, siguen andando sin detenerse.
Sin embargo, aunque los ojos prescindan de ella,
el río en los propios estalla como nunca antes,
arrasa con los hombres andariegos,
acaba con la infraestructura y el clima congelado,
convirtiéndolo en el ardor del desierto en el que nació.
La figura sin consistencia desaparece, pero la solidez todavía no es posible.
El llanto no cesa,
ella enflaquece con las gotas raídas.
Ya respira solo en minucias de aire.
Los ojos se apagan y el río se retrae.
Ella desaparece con las aguas de la hecatombe.
Y ahora el sueño descansa olvidado en la espalda del viento de esa mañana temprana.
Sobre la autora:

Siruma López-Gómez
Caribeña, guajira, salsera y socióloga. Estos son hoy los únicos rótulos certeros (creo) que tengo sobre mi. Del resto, me construyen sueños que espero escribir y escribir hasta que no me quede más vida. Hay mucha ilusión aquí, espero que así continúe.





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