Durante el año 2024 hasta la actualidad se viene acrecentando, a través de los medios masivos digitales, la pregunta por la suficiencia en los derechos laborales alcanzados por las mujeres que, sumando a la oleada fascista que toma fuerza en algunas de las orillas más importantes del ecosistema político y económico mundial, posiciona en el panorama actual una pregunta importante sobre la necesidad de los movimientos feministas. Con los logros progresistas que actualmente sitúan un gobierno colombiano de izquierda que nos da palmadas en la espalda frente a los avances en las luchas y causas sociales, la “cúspide de la igualdad”, sostenida por la avanzada de derechos obtenidos, presupone la fresca y nueva apariencia del discurso utilitarista de los sectores más conservadores como mecanismo para seguir frenando y deslegitimando el trabajo de las mujeres por la dignificación de las condiciones laborales.

Fotografía Fernanda Socarras

El no reconocimiento al trabajo que realizan las colectividades de mujeres por dignificar las condiciones laborales no es un tema nuevo. Históricamente la agenda y los discursos fascistas se han encargado de fomentar narrativas que desconocen la importancia en materia de género a través de intervenciones masivas, las cuales siguen encontrándose en diferentes escenarios de orden mediático y en boca de figuras de importante injerencia económica como fue la intervención de Javier Milei, actual presidente de Argentina, en el Foro Económico Mundial de 2025, en donde expresó sobre el feminicidio:

“Llegamos incluso al punto de normalizar que, en muchos países supuestamente civilizados, si uno mata a una mujer se llama femicidio, y eso conlleva una pena más grave que si uno mata a un hombre solo por el sexo de la víctima, legalizando de hecho que la vida de una mujer vale más que la de un hombre enarbolando la bandera de la brecha salarial de género. Pero cuando uno mira los datos, es evidente que no hay desigualdad para una misma tarea»

Con la falta del sustento de los roles de género, la premisa de este discurso ya no recae en los lugares sociales y culturales que deben ser ocupados por las mujeres; “el orden natural de las cosas” sino que, por el contrario, se cubre de una tela de reconocimiento parcial de la igualdad y los derechos obtenidos para afirmar la idea de una dignidad alcanzada y una avanzada que apunta peligrosamente a la supremacía.

Fotografía Fernanda Socarras

Lo anterior posiciona en el debate sobre derechos de las mujeres la necesidad intrínseca de que las ideologías conservadoras, particularmente expresadas por las contrapartes masculinas, dejen de esconder sus intereses de conservación de poder detrás de los avances estructurales realizados, pues los anteriores, si bien son reconocidos históricamente, no dan cuenta de una igualdad social, económica y cultural existente en el territorio latinoamericano.

¿Es verdad que la desigualdad de género presenta, si quiera, tendencias positivas para su erradicación? O, más bien, son las plataformas y la problemática contemporánea tecnológica otra de las estrategias patriarcales, con tintes progresistas, empleadas para la difusión de discursos que pretenden dilatar las avanzadas de la lucha feminista en la Abya yala.

Desconocer el trabajo de las mujeres frente a la exigencia de los derechos laborales y la vida digna, acrecienta la brecha de desigualdad económica que pretenden esconder, pese a que ya cuenta con un índice importante en donde se evidencia de manera explícita la relación entre el no reconocimiento de los trabajos de cuidado, el aporte económico nacional y la brecha de desigualdad laboral con enfoque de género. A propósito de lo anterior el informe “Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia” revelado por la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística y ONU Mujeres Colombia, en el 2020, posiciona los aportes de los trabajos no remunerados (debido a la falta de reconocimiento) que se nos han impuesto a las mujeres en una equivalencia al 20% de su Producto Interno Bruto (PIB), es decir, más de USD 51 millones (COP 186 mil millones).

Así pues, no se puede hablar de una igualdad alcanzada si en el sector laboral sigue persistiendo las limitaciones y condicionamientos para las mujeres debido al trabajo de cuidado no remunerado, el cual eleva la labor de 44 horas (en el caso del porcentaje de mujeres empleadas bajo condiciones de jornada laboral digna) a un promedio de 73 horas semanales incluyendo las labores domésticas, mientras que los hombres cuentan con 65 horas a la semana (Agudelo, 2024).

En la tercera edición del informe “Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia” publicado en el pasado año 2024, la Consejería Presidencial Para la Igualdad de la mujer, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística y ONU Mujeres Colombia indican que “En todos los departamentos la TGP de las mujeres es menor a la de los hombres, no obstante, Caquetá, Huila, Sucre, Magdalena y Caldas registran las mayores brechas de género.”

Adicionalmente, debido a las cargas que suponen los trabajos domésticos, el tiempo del que disponen las mujeres para seguir avanzando en su formación académica o acceder a trabajos de tiempo completo con prestaciones de ley, ligado a las pocas posibilidades de generar un activo amplio que les permita la creación de negocios propios, condiciona la autonomía económica de las mujeres, evidenciando una vez más que, pese a contar con el derecho al trabajo, sigue existiendo una falta de enfoque interseccional y una discriminación en el mercado laboral que fomente la información sobre derechos de las trabajadoras, la igualdad y equidad laboral.

Fotografía Fernanda Socarras

Según la Encuesta de Micronegocios, en el país para el año 2023, únicamente el 35% cuenta con propietarias mujeres encontraposición con el 64,5% de propietarios hombres que gozan además, de una estabilidad de posicionamiento de más de diez años en un porcentaje que sobrepasa el 50% de los micronegocios.

Pero, ¿qué condiciona la participación de las mujeres en proyectos productivos y los negocios propios? Una de las causales radica en la brecha salarial que, para esta tercera edición del informe de «Mujeres y hombres: brechas de género en Colombia” se posiciona en un 6,6% con relación a los ingresos anuales de las contrapartes masculinas, además de su concentración en los sectores de menor productividad y trabajos informales como las limpiezas y puestos ambulantes. Por otro lado, la probabilidad de la tendencia a la pobreza femenina (30,4%) es tres veces mayor a la de los hombres (11,7%), dado que las mujeres no cuentan con ingresos propios y, en múltiples casos, los ingresos de sus labores siguen siendo administrados por las figuras de autoridades masculinas que configuran las violencias económicas en los hogares colombianos.

Fotografía Fernanda Socarras

Lo anterior evidencia que, en esta lucha por la recuperación y protección de los derechos obtenidos y la resistencia ante un sistema patriarcal e individualista que le aterra la igualdad no se puede desconocer que el trabajo que realizan las colectividades de mujeres que en juntanza se piensan las acciones y movilizaciones representativas de los derechos de las mujeres es un trabajo de cuidado colectivo no remunerado, social y económicamente.

En conclusión, aunque los discursos fascistas se vistan de seda progresista, fascistas se quedan. Por tanto, la lucha feminista es y seguirá siendo realmente necesaria en el alcance de la equidad interseccional en todas las partes de los territorios, dicho de otra forma, mientras no se reconozcan los trabajos de cuidado realizados por las mujeres, dentro de los cuales habita el activismo por los derechos y la vida digna, la producción y la creación de espacios por parte de las gestoras culturales que fomentan (sin financiación gubernamental) la participación de las mujeres en el arte y en el panorama social y cultural del país, el trabajo de las mujeres artistas que con sus obras autogestionadas alimentan el turismo cultural de las grandes capitales y los imaginarios sociales que resisten ante la imposición de la Historia única, que también contribuye en gran medida al PIB nacional no se puede hablar, al menos en el ámbito laboral, de una igualdad de género alcanzada, ni de las necesidades de los movimientos feministas en las luchas por la eliminación de las violencias de género.

Por lo demás, el movimiento feminista seguirá avanzando aun cuando los discursos neoliberales intenten posicionarla falta de necesidad que persiste en la resistencia por una vida digna, en donde el trabajo de las mujeres no solo sea reconocido, sino remunerado en igualdad de condiciones y el acceso al mundo laboral para las mujeres asuma y modifique su estructura violenta. Persistiremos aun cuando alcancemos la igualdad y la vida digna de las mujeres y disidencias sexo genéricas en los territorios latinoamericanos, hasta que no debamos seguir protegiendo los derechos obtenidos pues en palabras de Simone de Beauvoir, “basta con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados”.

Bibliografía


Fernanda Socarras

/@fernandasocarrasl

Escritora y pintora colombiana. A través de sus textos, explora temas como el género, el conflicto armado, la memoria y las experiencias de las mujeres en la actualidad. Aunque escribe principalmente poesía, también le interesa experimentar con el lenguaje y otras formas de creación que vinculen las artes plásticas con la literatura.

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