Ilustración: Edward Higuera

Texto: Ronald Cordova

Italia, su verano. Elio y Oliver son quienes hacen de Call me by Your Name (Llámame por tu nombre, en español) una película sobriamente bella y para el deleite de aquellos que quieren conocer un amor desnudo que se desprende de lo humano y deja ver el alma. Es así que, Lucas Guadagnino, director de la misma, se esforzó por poner en cada escena la naturaleza de lo ordinario que puede llegar a existir en una relación.

La historia se proyecta en 1983 cuando Oliver, estudiante y asistente del señor Perlman (padre de Elio), llega como asistente e invitado a la casa de la familia en “algún lugar del norte de Italia” para realizar algunas investigaciones de campo. En principio, Elio ve a Oliver como alguien más, un “usurpador”; con el tiempo, ambos logran acercarse y quedarse con una parte del otro, sus versiones se unen para convivir, vivir y sentir amor.

El producto cinematográfico tiene la finalidad de transportarnos hacia otra realidad y entenderla. ¿Estamos acostumbrados a ver realidades en la pantalla grande? La mayoría de veces esperamos un jinete sin cabeza, un superhéroe con habilidades extraordinarias o un amor forzosamente romántico. Cada momento que hay en el rodaje es cercanamente verdadero, no escapa de lo humano ni de lo natural; visto que, a los actores se les dejó ser ellos mismos, como si se les hubiese pedido actuar, como si no estuviesen actuando, ¡irónico! Hay prueba de que lo cotidiano puede ser preciado, que nuestras acciones como seres humanos resultan increíbles con el tiempo porque hacen de nosotros historia. Este tipo de cintas rompe paradigmas. Concretamente, hallamos escenas cercanas a nuestra existencia en los paisajes cálidos, los interiores de la casa Perlman, la arquitectura del espacio, la vegetación, los actos y respuestas de los personajes.

Yo no daba certeza de la célebre frase: “Un acto vale más que mil palabras”, ya que aún no había visto este arte del cine. Con esto quiero decir que, no hay un diálogo sólido entre los actores, no hablan mucho y tal vez sea porque con sus actitudes demuestran todo. Es posible que sea muy difícil expresar con palabras abiertas lo que el amor supone, que se recurre a la subjetividad del acto. Así es como se trata al amor aquí, se mide con las acciones de Elio y Oliver.

Este romance trata el despertar sexual de Elio, como audiencia se puede percibir el miedo y la inseguridad por la búsqueda de una identidad. Elio poco o nada sabe de él, cambia y trasciende por la llegada de alguien nuevo, disfruta un verano con paseos en bicicleta, tertulias interesantes, recorridos en el pueblo, reuniones y hasta desayunos. Por esto, Elio puede conocerse gracias a Oliver. Lo terrible ocurre cuando debe desprenderse de Oliver, ya que hay escenas muy puras que muestran ese rompimiento y separación entre los protagonistas.

Finalmente, tenemos a los padres de Elio. Dicen que nadie nace sabiendo cómo ser un buen padre, considero que el señor Perlman sería un maestro. Es, pues, quien sostiene un diálogo bastante profundo con su hijo acerca de Oliver, tras haberlo dejado. Es un papá de mente abierta, admite que no es como el resto y es consciente de la individualidad de su hijo para hallarse en la libertad de administrar su vida. La conversación es honesta y con las frases exactas para que Elio asimile lo que está atravesando. Las reflexiones que cita son como los versos de un poema: “Cuando menos lo esperas, la naturaleza tiene formas astutas de encontrar nuestros puntos más débiles”.

En Llámame por tu nombre aprendemos a amar lo cotidiano, la naturaleza de las cosas es aquello que nos sumerge en ellas y provoca que las respiremos. El autodescubrimiento de uno en el otro es crucial para amar. Lo admirable de esta película es su realidad, tan vecina a nosotros que gracias a la técnica y detalles en la filmación ha sido capaz de tocar nuestra piel y transportarnos a la Italia de los 80.

Sobre el autor:


Ronald Cordova

@ronaldcordova04

Mi nombre es Ronald. Ro o Ron, para los que no olvidan. Mi pasatiempo se llama poesía, música indie y filosofía. Soy del norte peruano, donde el calor se siente y la gente se estremece cuando hablan de su acento. La escritura me apasiona tanto como el cine, por eso, estudio la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Piura. Por otra parte, he tenido contacto con un medio de comunicación local: Piura Plus TV, y prueba de ello fue el verano pasado cuando, por primera vez, tuve que saludar a una cámara. Ahora bien, diría que la política es, para mí, una extensión, por eso escribo para un medio digital llamado Libertad Sin Miedo sobre temas políticos y sociales. Disfruto de las estrellas, son tan brillantes como los sueños de uno mismo.

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