Fotografías: Mateo Caballero
Texto: Brandon Romero
“No quedó duda de que Bogotá es una ciudad inmersa en la cultura del Rap, contando con una comunidad que se encontró para entonar cada una de las canciones”.

El fin de semana, entre el 22 y 23 de julio, se llevó a cabo el festival Hip-Hop al parque, durante el que más de 150 mil almas vibraron en el Metropolitano Simón Bolívar en conjunto con artistas de talla internacional y convocatoria distrital, los cuales hicieron un alto para conmemorar los 50 años del movimiento Hip-Hop a nivel mundial. No quedó duda de que Bogotá es una ciudad inmersa en la cultura del Rap, contando con una comunidad que se encontró para entonar cada una de las canciones que los artistas interpretaron con el tono que nos lleva a recordar la cotidianidad de una ciudad postrada en el caos, la violencia y las drogas, dando una visión revolucionaria por medio del arte.
Siendo el año 2023 el más elevado en cuestión de asistentes desde su inicio en 1997, dando sus primeros pasos como Rap a la torta y con un conglomerado de elementos como lo son: la música, breakers, DJ´s y graffiti, se vivió toda una explosión en su máximo esplendor de lo que se denomina colectividad en un mismo lugar, sin dejar a un lado los emprendimientos que también fueron protagonistas en la construcción de la simbología de reconciliación, paz y disfrute de lo colectivo.

A través de este tipo de festivales se expande la convivencia incluyente y sin prejuicios, dando pasos firmes en la erradicación de la discriminación de género, condición socio-económica, filiación cultural o etnia y evidenciando que si bien, aún se continúa con un estigma social, podemos pensar un poco más allá de esta barrera y quizá enfocar nuestra mirada en el criterio artístico que cada individuo puede aportar a su propio entorno.
También es importante mencionar que en este camino que conduce a toda una amalgama de procesos sociales y morales que se requieren cambiar con estos eventos, es claro decir, que este punto de llegada aún le hace falta una determinada distancia. Las riñas, la desobediencia y hasta jóvenes que se subieron a la tarima, fueron episodios que impidieron por algunos minutos la continuidad del show. Por otra parte, las personas de primeros auxilios se quedaban sin manos por momentos para asistir a quienes lo necesitaban, puntos a mejorar también por parte de la organización.

A pesar de todos estos sucesos, los 240 artistas que se presentaron, dando un rol esencial a la mujer, y las manos sincronizadas en un solo movimiento, permitieron que la hermandad se hiciera presente entre la capa de humo que cubría el ambiente.
Fuera del parque Simón Bolívar, también se realizaron procesos pedagógicos como conversatorios y talleres que le permiten a los artistas emergentes y que inician en su proceso artístico en el género del Rap, freestyle y DJ´s , tener la enseñanza de artistas ya consolidados sobre su experiencia y demostrando que sí es posible dedicarse al arte que cada uno quiere expresar.
La danza, el arte urbano y la música nos vuelven a demostrar que son herramientas que nos permiten hacer comunidad y fomentar la sana convivencia para ser y establecer una sociedad en donde todos quepamos justamente.




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