Fotografías: María Alejandra Gonzales

Texto: Nino Ramos

“Los dos bandos políticos tradicionales bullen con más fuerza en momentos de crisis”.

Fotografía por María Alejandra Gonzales (@sin.fuente)

La convulsión política y social que remece al Perú encubre raíces históricas. Dicho encubrimiento, amparado por el accionar democrático y libertario de ciertos grupos, busca dejar de lado los escenarios que otrora marcaron sustancialmente la división clasista: un muro que prevalece en la actualidad. Dichos grupos, a la primera de cambio, demuestran que las banderas de progreso en derechos humanos y en la integración racial son meras fachadas, las mismas que le son útiles para mostrar una careta “demócrata” ante la palestra internacional. El encubrimiento demuestra la férrea defensa del Estado de Derecho, la Constitución Política y la voluntad de las mayorías. Sin embargo, la supuesta mayoría no está en las calles; todo lo contrario, la supuesta minoría es quien busca el cambio de las brechas históricas que, durante muchos años, solo desangraron el país de Todas las Sangres.    

Para situarnos en la actual coyuntura político-social, es preciso hacer un repaso de los principales momentos que marcaron el camino de lo que ahora se vive en el Perú. El 28 de julio de 2021 el maestro de primaria, Pedro Castillo Terrones, asumía de manera oficial      la presidencia de la república peruana; lo que seguiría a la asunción de mando es una tragedia shakespeariana. En noviembre de 2021 se llevó a cabo la primera moción de vacancia contra el entonces presidente. El Congreso de la República alegó «permanente incapacidad moral», además de denunciar el uso ilegal de fondos públicos para su campaña electoral, la designación de funcionarios vinculados al terrorismo, liderar un presunto tráfico de influencias, permitir la injerencia extranjera en asuntos de Estado, confrontar, constantemente, a la población “rica” y “pobre”, entre otros motivos. En los meses siguientes, una ola de protestas y bloqueos a nivel nacional fueron generando el caldo de cultivo perfecto para concluir en la inoperancia política, y en la falta de liderazgo que evidenciaba el Maestro. Los primeros incidentes se produjeron una vez iniciada la huelga de transportistas, quienes exigían la reducción del precio de la gasolina; luego      siguió una anticipada huelga de agricultores, quienes reclamaban una buena gestión para la rápida importación de fertilizantes. Pese a todo lo expuesto anteriormente, la primera moción de vacancia no conseguiría su propósito.

Fotografía por María Alejandra Gonzales (@sin.fuente)

Para marzo del 2022, el Congreso logró citar al exmandatario al pleno con la finalidad de ejercer su derecho de defensa. Se había logrado la segunda moción de vacancia; el motivo: lo mismo que se alegó en la primera. El segundo intento para destituir a Pedro Castillo no logró su cometido, pero sí auguraba una insufrible cooperación, sino nula, con el Congreso de la República. La tercera fue la vencida. La última moción se leía como improductiva, ya que no se iban a conseguir, nuevamente, los votos para destituir al presidente. Sin embargo, sucedió lo impensado. Fue el mismo Maestro quien se vencería. Situación que muchos analistas políticos llamarían «el suicidio» de Pedro Castillo.

El 7 de diciembre de 2022, el entonces presidente del Perú, Pedro Castillo Terrones, anunció un autogolpe de Estado, horas antes de la tercera moción. La lectura del discurso estuvo envuelta de nerviosismo y de una evidente improvisación. Hechos que servirían para plantear, el 15 de diciembre, nuevos recursos de habeas corpus en aras de lograr su liberación. La hipótesis fue la siguiente: el congresista Guillermo Bermejo había intoxicado al exmandatario y ello se justificaba debido a que Pedro Castillo no recordaba lo que había leído durante la transmisión nacional. Dicha conjetura fue días más tarde anulada por el Instituto de Medicina Legal. El día del autogolpe, Dina Boluarte, vicepresidenta de la República, asumiría como la primera presidenta del Perú; y Pedro Castillo Terrones era intervenido en su recorrido por llegar a la Embajada de México, donde tenía asegurado el asilo político. Ese mismo día fue encarcelado. Queda la incógnita: si los votos para la vacancia no iban a ser suficientes, ¿por qué dio el autogolpe?, o como se presume ¿Es acaso Dina Boluarte el holograma que tanto buscaba el fujimorismo para llegar a detentar el poder?    

Lo que se vive actualmente en el Perú sucede en medio de una división histórico-política, la misma de la que hablaba al inicio de este artículo. En la catalogada “Toma de Lima”, manifestantes que se agruparon en la Plaza Dos de Mayo vitoreaban una frase poderosa: «guerra civil». La población que marchaba desde aquel recinto hacia la Plaza San Martín llevaba pancartas a favor de instituir una Asamblea Constituyente y “derrumbar” la carta magna de 1993. Se supone que aquella “minoría” no respondía a los intereses de todo el pueblo peruano; sin embargo, en las calles no se veía a aquellos grupos que quieren la preservación del modelo neoliberal. ¿De qué minoría hablan los representantes de la ultraderecha? Por otro lado, hasta hoy, se registran más de 55 muertes desde que se iniciaron las protestas que buscan la renuncia de la presidenta Dina Boluarte. Si se creía que solo Pedro Castillo azuzaba las diferencias entre las clases pobres y ricas del país, lo que hizo la presidenta no es más que un eslabón de la misma cadena.    

Fotografía por María Alejandra Gonzales (@sin.fuente)

Ante las protestas surgidas en el sur del país, acusadas fuertemente en la región Puno, la presidenta mencionó que dicha región no era el Perú. De forma rápida, en las redes sociales, las empresas encargadas de reproducir merchandising cultural, colectivos y agrupaciones civiles respondieron con la siguiente frase (la que desbarata el encubrimiento mencionado inicialmente): «Lima no es el Perú». Como dicen de forma coloquial: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Y al parecer, la “gran mayoría” no quiere ver que esta oposición entre un discurso y otro, solo ha llevado a evidenciar que las protestas que golpean el país responden al clasismo histórico que guarda su sustrato en los grupos de ultraderecha, tan enfrentados con los grupos de izquierda; una rivalidad o polarización que, al parecer, llevará al Perú a la cúspide de su coyuntura actual. Solo cabe recordar la frase de Rafael López Aliaga, actual alcalde de Lima: «muerte para Pedro Castillo»; y volvemos a la época aristocrática de la que supuestamente nos hemos librado. Y sí, era una solicitud de muerte para un maestro de escuela rural, un campesino, un “tuco” marioneta, un apestoso serrano (se recuerda que mucha gente se tapaba la nariz al ver al expresidente caminando por las calles de Lima, el gesto para evidenciar “la pestilencia” del chotano). Hoy la población que protesta, en su mayoría, no lo hace por defender o restituir al Maestro, lo hace porque se encuentra cansada de que la capital del Perú concentre la riqueza, el “avance”, y que las demás regiones del país sigan en el olvido milenario, aquel olvido que parece avizorar más milenios. Probablemente, la guerra civil, que se vitorea en las protestas, tenga esa finalidad, la que tanto Pedro Castillo y Dina Boluarte azuzaron, la confrontación entre dos clases sociales que están muy lejos de trabajar en conjunto para lograr la tan anhelada comunión de todas las sangres.    

Sobre el autor:


Nino Ramos

@ninoabelramos

 

Nació en el distrito de Lamas, ubicado en la región de San Martín, Perú, en 1992. Como buen contador de historias, las aprehende con pasión y en silencio, y luego les da vida a través de la palabra. De esta manera elaboró sus primeros cuentos, “La noche del bucle” (2019) publicado en Perú; “Lucas” (2020) y “Los elegidos” (2021), publicados en México; y “La muerte de Purificación Coral” (2021), cuento incluido en la antología RELATA del Ministerio de Cultura de Colombia.

Asimismo, el autor ha publicado poesía en las revistas literarias Tabaquería Y Poetómanos, ambas de México. También ha publicado la crónica “La Chanchería: destino de migrantes” (2022), como producto final del taller Crónicas contra el olvido dictado por el maestro Eloy Jáuregui. En el año 2022, bajo el sello editorial Hipocampo Editores, publicó su primer libro de cuentos titulado “La Montaña”. El autor considera que las voces más humildes, así como las más solemnes, encajan en un devenir cotidiano y son dignas de ser recreadas en la ficción, o en el campo de la verdad.

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