Escrito por Delacán (@_delacan)
Fotografías por Mateo Caballero (@mateoandrescc_)
Nuestra casa ajena
Recuerdo nuestra habitación
con su suelo hecho de tablas
donde mis pies martillaban el desnivel de sentimientos.
La caja por televisor que nunca compré
que estaba en el fondo
con lo que nunca dijiste.

Una mesita de tres pisos con tus collares
aretes
perfume
cremas
maquillaje peines
y el anillo de un falso compromiso.
Una cama pequeña
aunque precisa
para cuando me lanzaba a besarte.
Un closet amplio
o no tanto
solo cabía mi pijama
mi cepillo de dientes
y los poemas cortos que escribí.
Un pequeño baño que nos conoció desnudos
con carne
sin ropa
con cabellos rojos sobre la piel de mis hojas.
Una cocina con ollas ajenas
que me destaparon el amor
me degustaron el alma.
Un caracol de escaleras
que me obligó a cuidarte de la oscuridad
y abrazarte en cada despedida.

Recuerdo una vieja casa
con escrituras
sin dirección.
Recuerdo un viejo amor
sin contacto
con melancolía.
Rayas rojas de un tigre negro
Un manto blanco
que raspa mi cuerpo,
sin gotas de agua,
deja por donde pasa
leves destellos carmesí
sobre el negro de mi tez.

Siento
el transformarme en fiera,
el que tiernas garras tomen la posición de mis cortas uñas,
el que mis sentidos se agudicen,
el que mi hambruna aumente,
el que mis colmillos sean protuberantes
y el que mi piel se llene
de grueso vello.




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